El empleo de salvas con armas de avancarga (como arcabuces y trabucos) en celebraciones festivas aparece en España desde el siglo XVI. Ya en 1568 hay referencias a arcabuces que se usaban para homenajear al santo patrón y en simulacros de lucha festivos en algunas localidades.

Durante los siglos XVII y XVIII, estas prácticas evolucionan vinculadas a las milicias locales y los alardes de armas. Es decir, aunque el disparo festivo tiene raíces anteriores, en los siglos XVIII y XIX es cuando ese uso sale definitivamente del ámbito puramente militar para integrarse en las fiestas populares y religiosas.

Fotografía coloreada de escopeteros en San Blas, Cilleros (año 1953)

En Cilleros, al igual que en otros pueblos de La Raya (la frontera con Portugal), estas tradiciones posiblemente surgieron de la militarización de la población durante los siglos de conflictos fronterizos (como la Guerra de Restauración portuguesa en el XVII). Lo que nació como un alarde militar de defensa terminó convirtiéndose en una ofrenda religiosa de honor.

Fotografía coloreada de escopeteros en San Blas, Cilleros (año 1962)

Históricamente, el ruido y la pólvora cumplían tres funciones:

  • Honores Militares: en el pasado, los santos eran tratados como altos mandos militares a los que se les rendían "honores de ordenanza".
  • Protección: se creía que el ruido ahuyentaba los malos espíritus y las pestes (muy común en San Blas, protector de la garganta).
  • Identidad Local: tras las guerras del siglo XVII, muchas poblaciones mantuvieron sus armas y su pericia con la pólvora como símbolo de orgullo y resistencia.

Fotografía coloreada de escopeteros en San Blas, Cilleros (año 1985)

En resumen, para el siglo XIX ya no se trataba de una práctica marginal o aislada, sino de una costumbre arraigada y extendida en múltiples festividades populares y religiosas por toda España, entre ellas en regiones como Extremadura, donde formas locales de celebración (procesiones patronales, rogativas, salidas de patrones) incorporaron los disparos de salvas con armas de fuego como acto central de homenaje y alegría.

Fotografía de escopeteros en San Blas, Cilleros (años 90)

En la localidad de Cilleros, la festividad de San Blas (3 y 4 de febrero) es inseparable de los escopeteros. La devoción al santo es centenaria, pero la formación de grupos de escopeteros que escoltan al santo disparando salvas está documentada como una tradición profundamente arraigada desde hace siglos, emulando las antiguas milicias concejiles que rendían honores con sus armas. Durante la procesión, los vecinos disparan cientos de salvas al aire, creando una atmósfera de humo y estruendo que simboliza la purificación y el júbilo.

Desde hace unos años, todos los escopeteros que desean participar en la fiesta tirando salvas al Santo, deben inscribirse y aportar licencia de armas, guía de la escopeta y documentación relacionada, lo que indica que la tradición se sigue regulando por la legislación actual. Aunque en el año del cambio, en 2010, la procesión se celebró sin los disparos tradicionales en señal de protesta, porque la mayoría de escopeteros no cumplía con la normativa recientemente instaurada.

Fotografía de escopeteros en San Blas, Cilleros (año 2024)

Aunque no hay un documento histórico que marque un año concreto de inicio, fuentes culturales locales y agendas turísticas señalan que la fiesta, con todos sus elemento, incluidos los escopeteros y las salvas en la procesión, tiene más de 150 años de antigüedad en Cilleros.


Fotografías: Cilleros, 100 años de historia - Javier Tomé. Cilleros, ni más ni menos.