El término municipal de Cilleros, situado en el norte de la provincia de Cáceres, forma parte de un amplio paisaje granítico que desde tiempos ancestrales ha llamado la atención del ser humano por sus formas singulares y sus connotaciones culturales profundas. Entre los rasgos más interesantes de este paisaje destacan las conocidas como peñas sacras o berrocales sagrados: formaciones rocosas que han sido interpretadas como lugares de culto, ritos y mitos que se remontan a tiempos muy antiguos, probablemente tan antiguos como la propia Prehistoria.
Los berrocales sagrados, también llamados sacra saxa, son peñas graníticas que, por su forma, posición o singularidad, fueron consideradas por las comunidades humanas como lugares dotados de un significado especial, mágico o sobrenatural. Estos lugares han sido objeto de culto, ritos de fertilidad, interpretación de sueños y ceremonias diversas, muchas de las cuales dejaron huella en la tradición oral, los nombres locales y las prácticas populares de las montañas y valles extremeños.
Según el estudio "Berrocales Sagrados de Extremadura: Orígenes de la religión popular de la Hispania Céltica (2021)", este fenómeno forma parte de una religión popular de raíces muy antiguas, vinculada a la visión animista del paisaje, que probablemente arrancó en la Prehistoria y continuó durante la Protohistoria y la época prerromana (etapas que abarcan desde el Paleolítico hasta la Edad del Hierro y la llegada de los pueblos celtas a la Península Ibérica).
Dentro de este marco cultural se encuentra en el entorno de Cilleros una peña singular conocida localmente como "la Ronchadera" (nombre que, como otros topónimos similares en Extremadura, rochadera, resbaladera o resbalaera, está asociado a tipologías concretas de piedras sacras ligadas a ritos de paso, fertilidad o prácticas rituales).
Las “peñas resbaladeras” constituyen un tipo bien definido de peñas sacras presentes en numerosos puntos de Extremadura y otras áreas de la Península Ibérica atlántica. Estas formaciones conservan huellas de deslizamientos sobre su superficie que, en el marco de las creencias tradicionales, se interpretaban como parte de ritos relacionados con la fertilidad o el paso a la edad adulta. Aunque hoy muchas de estas rocas aparecen como simples juegos infantiles o accidentes naturales, su origen ritual apunta a un pasado mucho más remoto, probablemente vinculado a prácticas de las sociedades prehistóricas y protohistóricas de la región.
Por tanto, la Ronchadera de Cilleros no debe verse simplemente como un accidente geológico, sino como un elemento de un paisaje cargado de significados que trascienden lo meramente natural para entrar en el ámbito de lo simbólico y lo ritual. Su presencia nos habla de un pasado en el que el hombre primitivo y las sociedades posteriores reinterpretaron el entorno como un lugar habitado por fuerzas y entes que debían ser honrados o apaciguados.
Aunque es difícil fechar con precisión actividades rituales antiguas asociadas a formaciones rocosas como la Ronchadera, los estudios actuales sobre berrocales sagrados señalan que estas tradiciones se originan en periodos prehistóricos, incluyendo etapas tan antiguas como el Paleolítico y el Neolítico, y perduran, en formas transformadas o cristianizadas, hasta épocas históricas más recientes. En Extremadura, muchas de estas rocas continuaron siendo objeto de atención ritual incluso después de la romanización y la expansión del cristianismo, cuando se empezaron a grabar cruces y otros símbolos cristianos en su superficie como signo de reinterpretación religiosa del lugar.
La Ronchadera de Cilleros, como parte de los berrocales sagrados de Extremadura, forma parte de un patrimonio cultural milenario que nos conecta con las creencias y prácticas rituales de las sociedades prehistóricas y protohistóricas de la región. Más allá de su valor natural, representa un testimonio de cómo las comunidades antiguas percibían y se relacionaban con el paisaje que habitaban, una visión que mezcla naturaleza, espiritualidad y significado social, y que, con los matices de cada época, llegó hasta nuestros días.
Fuente: Berrocales sagrados de Extremadura - Martín Almagro Gorbea, Julio Esteban Ortega, José Antonio Ramos Rubio, Oscar de San Macario Sánchez.



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