En la historia cultural de Cilleros, ese rincón de Extremadura marcado por tradiciones rurales, pero también por una pujante vida intelectual que supo conectar con las corrientes editoriales de su tiempo, emerge una figura cuya huella, aunque discreta, habla de la complejidad y dinamismo de la vida del libro en la España moderna: Francisco Asensio.
Aunque hoy su nombre no es tan conocido como los de otros literatos de la gran literatura española, su trayectoria reúne tres facetas clave en la cultura impresa: autor, editor e impresor/librero, conectando su pequeño pueblo de origen con el bullicioso Madrid de los siglos XVII–XVIII. Llegó a ser muy conocido entre el mundo literario de su época, codeándose con grandes literatos como Lope de Vega, Luis de Góngora o Francisco de Quevedo.
Francisco Asensio nació en Cilleros en el siglo XVII, en un momento en que España atravesaba profundas transformaciones políticas, sociales y culturales. La imprenta, que había llegado a la península un siglo antes, se había consolidado como un medio esencial para la difusión del saber, de la literatura popular y de los discursos cortesanos. La figura del autor-editor, aquel que no solo escribe sino también participa en la edición y circulación de libros, era cada vez más habitual, y Asensio se inscribe precisamente en ese contexto.
La obra más conocida vinculada a Francisco Asensio es "Floresta española y hermoso ramillete de agudezas, motes, sentencias y graciosos dichos de la discreción cortesana". Este título, que circuló en varias ediciones a lo largo del XVIII, es una colección de máximas, dichos, refranes y breves textos de ingenio que se presentaba como continuación del trabajo previo de Melchor de Santa Cruz. La Floresta española no es una obra de ficción al uso, sino más bien una antología de sabiduría popular y cortesana destinada a entretener, instruir y mostrar el ingenio del habla española. Este género, mezcla de refranero, moralidades y agudezas cortesanas, era muy apreciado en círculos académicos y cortesanos, y respondía a una demanda creciente de textos que captaran la viveza del espíritu y la cultura popular. Un ejemplo:
Porfiaban un portugués y un castellano sobre pasar un río, y dijo el castellano: «Pues pase primero el que fuere cristiano más viejo».
Y dijo el portugués: «Eu pasu, que seu parente de Christu».
Replicole el castellano: «¿Luego vuestra merced es Judío?»
«Naon –respondió el portugués—, que o parentescu e por parte da Divinitade»
Las ediciones conservadas, como las impresas en Madrid hacia 1790 por Ramon Ruiz a costa de la Real Compañía de Impresores y Libreros del Reyno, atestiguan que la obra fue lo bastante popular como para ser reeditada varias veces durante el siglo XVIII.
La aportación de Asensio no se limita a su escritura, también desarrolló una actividad vinculada a la edición y a la venta de libros, propia de la época. Su nombre aparece entre los fundadores de la Compañía de Libreros de la Corte en Madrid, una agrupación de comerciantes del libro que buscaba organizar y fortalecer el oficio en un mercado cada vez más competitivo.
La figura del librero-editor en este período no era simplemente un vendedor: implicaba la financiación de publicaciones, la selección de textos, la negociación con autores y talleres de impresión, así como la gestión del comercio de libros entre la Corte y otras regiones de España. En ese sentido, Asensio se inscribe en la tradición de los libreros impresores madrileños que contribuyeron a consolidar un mercado cultural dinámico en la capital del reino. Este entorno editorial en expansión fue posible gracias a la paulatina regulación del libro por parte de las autoridades, pero también a la creciente alfabetización y al interés por la lectura en distintos sectores sociales. Los libreros y editores jugaban un papel central en la mediación entre el mundo de los autores y el de los lectores.
Aunque no contamos con una biografía detallada y completa de Francisco Asensio, no existen, por ejemplo, referencias exhaustivas de su fecha exacta de nacimiento o de todos sus proyectos editoriales,, la conservación de sus ediciones y la presencia de su nombre en registros editoriales nos permiten reconstruir el perfil de un hombre profundamente implicado en la cultura del libro de su época.
Las ediciones de la Floresta española que han llegado hasta hoy, y que pueden consultarse en catálogos bibliográficos como los de la Biblioteca Nacional de España o de instituciones académicas, reflejan la circulación y persistencia de su obra más allá de su período histórico.
Además, su legado es un recordatorio de la importancia que pequeños pueblos como Cilleros tuvieron en la producción cultural española, siendo cuna no solo de agricultores y artesanos, sino también de intelectuales y hombres de letras que supieron participar en las redes cultas de su tiempo.





0 Comentarios