La frontera entre España y Portugal, conocida tradicionalmente como la Raya, ha sido durante siglos un espacio de contacto continuo entre pueblos vecinos. En lugares como Cilleros y su entorno, esta línea fronteriza marcó profundamente la vida cotidiana. Para controlar el tránsito de personas y mercancías y garantizar el orden, el Estado confió durante décadas esta tarea al Cuerpo de Carabineros.
Desde su creación en el siglo XIX, los carabineros tuvieron como misión principal la vigilancia de fronteras y costas. En la frontera hispano-portuguesa, su labor se centró en patrullar caminos, veredas y pasos tradicionales, muchos de ellos utilizados desde antiguo por los habitantes de ambos países. El control del paso de personas era una de sus funciones esenciales. Los carabineros debían identificar a quienes cruzaban la frontera, comprobar permisos y salvoconductos y evitar los pasos clandestinos. Este control se intensificó especialmente en épocas de inestabilidad política y económica, cuando muchos intentaban cruzar en busca de trabajo, alimentos o refugio.
Más allá del control fronterizo, los carabineros desempeñaron una importante función de seguridad en zonas rurales como la de Cilleros. En comarcas con escasa presencia de otras autoridades, eran a menudo los encargados de mantener el orden, prevenir delitos y actuar ante conflictos locales. Su presencia aportaba una cierta sensación de seguridad a los vecinos, especialmente en caminos, zonas de monte y áreas aisladas. Las patrullas, realizadas a pie o a caballo, servían no solo para vigilar la frontera, sino también para proteger a quienes transitaban por ella.
Además de su papel como fuerza de vigilancia, los carabineros también desempeñaron una función humana y asistencial que ha quedado reflejada en la memoria oral de muchos pueblos fronterizos. En situaciones de necesidad, prestaban auxilio a personas perdidas en el monte, ayudaban a viajeros, intervenían en accidentes y, en momentos de escasez, ofrecían apoyo a familias en dificultades. Sirva como ejemplo la siguiente noticia, publicada el 2 de junio de 1928 en el Nuevo día: Diario de la Provincia de Cáceres.
Un drama en Cilleros
Dos mujeres portuguesas, al vadear la ribera, son arrastradas por las aguas.
Desgraciado suceso registrado en la frontera con Portugal, en el sitio llamado "vado de la Vieja" de la ribera internacional.
Dos mujeres, de nacionalidad portuguesa, llamadas María Antúnez Guardado y Anunciación Antúnez, que se dirigían a la dehesa de "Las Navas", al intentar vadear la citada ribera, por las cercanías de la caseta de los carabineros, fueron arrastradas por la corriente.
El cabo de carabineros y varios paisanos acudieron en socorro de las mujeres, consiguiendo después de titánicos esfuerzos extraer con vida a María Antúnez. Anunciación pereció ahogada.
En un territorio duro y a veces aislado, los carabineros eran una referencia constante. Su convivencia diaria con la población local generó relaciones de respeto e incluso de cercanía, especialmente cuando demostraban comprensión hacia las costumbres tradicionales del paso fronterizo.
La frontera era un espacio difícil de controlar. Los lazos familiares, culturales y económicos entre españoles y portugueses hacían que muchos cruces se produjeran al margen de los controles oficiales. Los carabineros, conocedores de esta realidad, se movían a menudo entre el cumplimiento estricto de la ley y una cierta tolerancia hacia prácticas asumidas como parte de la vida cotidiana en la Raya.
Fuentes: El contrabando de postguerra en la comarca de Olivenza - Eusebio Medina García. Los Carabineros en Cilleros. Nuevo día : Diario de la Provincia de Cáceres: Año III Número 546 - 1928 Junio 02.




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