La raya que separa España y Portugal nunca fue una frontera cerrada del todo. En comarcas como la de Sierra de Gata, y muy especialmente en Cilleros y Valverde del Fresno, la línea fronteriza fue durante los siglos XIX y buena parte del XX un espacio de intercambio constante, legal e ilegal, donde el contrabando formó parte de la vida cotidiana de muchas familias.

Lejos de la imagen romántica o novelesca, el contrabando fue, ante todo, una estrategia de supervivencia en una tierra de economía humilde, marcada por el aislamiento, la escasez y las grandes desigualdades entre ambos países.

Caseta de Carabineros de la Minguillana, Cilleros

La cercanía de Portugal, con pasos naturales, caminos ganaderos y sendas serranas conocidas desde antiguo, facilitaba el trasiego de personas y mercancías. A uno y otro lado de la raya vivían pueblos con lengua, costumbres y formas de vida muy similares, lo que hacía que la frontera política no siempre coincidiera con la frontera social.

Durante el siglo XIX y hasta bien entrado el XX, las diferencias de precios, impuestos y disponibilidad de productos convirtieron el contrabando en una actividad habitual. No era exclusivo de delincuentes profesionales: campesinos, arrieros, mujeres, jornaleros e incluso niños participaron en él en algún momento.

Los artículos variaban según la época, la situación económica y las leyes vigentes, pero algunos productos fueron constantes en la frontera extremeña-portuguesa:

  • > De Portugal a España: café (uno de los productos estrella, muy vigilado), azúcar, tabaco, bacalao, tela y ropa, jabón, en algunos periodos, alcohol y aguardiente.
  • > De España a Portugal: aceite de oliva, harina y trigo, arroz, ganado (especialmente cerdos), huevos y productos agrícolas, en épocas concretas, medicamentos o productos racionados.

El transporte se hacía a pie, con mulos o burros, de noche y por caminos apartados. Las cargas se repartían para poder huir con rapidez en caso de ser descubiertos.

Vista interior de la caseta de Carabineros de La Minguillana, Cilleros

Para combatir el contrabando y vigilar la frontera, el Estado español contaba con el Cuerpo de Carabineros, creado en 1829. Su misión era controlar las aduanas, la costa y, sobre todo en zonas como Cilleros, la frontera terrestre. Los carabineros patrullaban caminos, montes y pasos estratégicos, muchas veces en condiciones durísimas: mal pagados, con escasos medios y destinados a zonas aisladas. 

La relación entre carabineros y vecinos fue ambigua: por un lado, eran la autoridad y debían reprimir una actividad ilegal y por otro, compartían origen social, conocían a las familias y eran conscientes de la necesidad que empujaba al contrabando.

No fueron raros los avisos, las huidas pactadas o la vista gorda, aunque también hubo persecuciones, detenciones, incautaciones y, en casos extremos, enfrentamientos. Las incautaciones realizadas por el cuerpo de Carabineros en Cilleros eran constantes y evidencias de las mismas es posible encontrar en las hemerotecas de la prensa escrita, por ejemplo:

  • 5 de octubre de 1842 - Dos carneros negros y una mula.
  • 29 de marzo de 1851 - 4 arrobas y 19 libras de sal portuguesa.
  • 9 de diciembre de 1917 - 6 bultos de harina.
  • 7 de marzo de 1921 - 1.805 kg de tabaco nacional.
  • 5 de diciembre de 1934 - 20 bultos de café, para un total de 1.350 kg.

En 1940, tras la Guerra Civil, el cuerpo fue disuelto y sus funciones pasaron a la Guardia Civil, poniendo fin a una etapa histórica muy ligada a la vida fronteriza.

Para muchos vecinos de Cilleros, el contrabando no fue una aventura, sino una forma de complementar ingresos, pagar deudas o simplemente llevar comida a casa. Especialmente dura fue la posguerra, cuando el hambre y el racionamiento empujaron a muchas personas a cruzar la frontera una y otra vez.

Hoy, aquellas historias sobreviven en la memoria oral: relatos de carreras nocturnas, cargas escondidas entre jaras, silbidos de aviso, encuentros con carabineros y caminos que solo los más viejos recuerdan.


Fuentes: El contrabando de postguerra en la comarca de Olivenza - Eusebio Medina García. Los Carabineros en Cilleros.