En el corazón de la villa de Cilleros, entre sus calles de granito y solera, se conserva una de las muestras más bellas de la arquitectura señorial de la Sierra de Gata. Se trata de una ventana que es, en sí misma, un libro abierto sobre la hidalguía y la fe de sus antiguos moradores: la familia Pereira.
El elemento central de la ventana es su dintel, que presenta una disposición de letras y símbolos que parece un jeroglífico para el ojo moderno. Fechado con orgullo en 1732, presenta un diseño ingenioso. El cantero no se limitó a escribir el nombre del propietario, sino que lo integró en un juego visual entre símbolos protectores. Si observamos con detenimiento, y leemos de izquierda a derecha y de abajo a arriba, podemos leer las letras PEREIRA; realmente parece que se lee "I PEREIRA", donde la I aparece fusionada con la P. En las inscripciones en piedra hasta bien entrado el siglo XVIII, la letra "J" no solía tallarse con el trazo curvo inferior que conocemos hoy, se utilizaba la "I" latina para representar tanto el sonido vocal como el consonántico. En el contexto de un nombre propio en esa época, esa I es la forma estándar de escribir Iuan (Juan).
Dicho lo anterior, la inscripción del dintel podría leerse como "Juan Pereira, año de 1732".
Y curiosamente, en las Respuestas Particulares del Catastro de Ensenada, del año 1753, para la villa de Cilleros; censo realizado apenas 21 años después de que se grabara la ventana, aparece registrado Juán Pereira como cabeza de familia y propietario. Se le identifica como "Hidalgo" o perteneciente al estado noble, lo cual explica por qué pudo costear una ventana con tal despliegue de cantería y símbolos de órdenes militares. El catastro suele mencionar las cargas o vínculos con órdenes; el uso de las Cruces de Malta en su fachada coincide con la hidalguía registrada, ya que muchos Pereira en la zona de la Raya ocuparon cargos de administradores o caballeros de esta orden.
A ambos lados del dintel, inscritas en círculos, aparecen dos cruces de ocho puntas. Son las Cruces de Malta, indicativo de que el cabeza de familia, Juan Pereira, ostentaba algún cargo o vinculación directa con esta prestigiosa orden militar y religiosa, muy presente en la zona junto a la de Alcántara. La profusión de Cruces de Malta en la fachada sugiere que Juan Pereira pudo ser caballero de dicha orden o estar estrechamente vinculado a ella, una condición de nobleza que coincide con el estatus de hidalguía que este linaje ostentaba en la época.
En el eje de simetría encontramos una roseta hexafolia de seis pétalos perfectos. Este símbolo solar, de origen ancestral, se utilizaba en la Sierra de Gata como amuleto "apotropaico": su función era atraer la buena suerte y "bloquear" la entrada de energías negativas al interior de la vivienda.
Si bajamos la mirada hacia los soportes que sostienen el alféizar, encontramos dos piezas únicas que elevan el valor artístico de la ventana. En la ménsula izquierda aparece tallado un rostro humano esquemático de ojos circulares y expresión hierática. Este tipo de representaciones, comunes en el románico y persistentes en la arquitectura popular, actúan como "guardianes del umbral", figuras que vigilan simbólicamente quién mira hacia dentro o quién se acerca a la casa.
La ménsula derecha nos acerca a un simbolismo mucho más específico y raro en la zona, lo que parece un trísquel o triqueta y aunque se suele asociar el trísquel a formas curvas, existe una variante geométrica de tres brazos rectos inscritos en un círculo. Representa la trinidad o el equilibrio entre tres elementos (tierra, mar y aire; o pasado, presente y futuro). Es un símbolo de protección muy potente. En la parte baja de esa misma pieza, aparece una X, lo más probable es que sea una marca de protección simple para "sellar" la base de la ménsula.
El friso inferior es, quizás, la parte más enigmática y rica en detalles decorativos de todo el conjunto, ya que rompe con la sobriedad del dintel superior para ofrecer una composición puramente geométrica y rítmica. Se trata de una pieza alargada de granito que sirve de base visual a la ventana y que presenta una serie de grabados en relieve,
El friso está organizado de forma simétrica respecto al eje central de la ventana, lo que refuerza la armonía de la fachada. Los motivos se repiten en una secuencia que guía la mirada de un extremo a otro. En ambos bordes del friso aparecen rosetas de seis pétalos que parecen espejos de los símbolos superiores. La parte central del friso presenta un patrón muy característico de la decoración popular barroca de la zona: arcos de medio punto, una serie de semicírculos o arcos que parecen "colgar" de la moldura superior del friso; y efecto de "escamas" o abanicos, en los espacios entre estos arcos, el cantero ha realizado rebajes radiales que crean una textura similar a la de un abanico abierto o una venera muy esquematizada.
La ventana de 1732 es un ejemplo perfecto de la "época dorada" de la arquitectura de Cilleros, un siglo XVIII donde las familias pudientes decoraban sus fachadas para dejar un mensaje de permanencia. Al contemplarla, no solo vemos piedra, sino la firma de Juan Pereira, un vecino que quiso que su nombre, su fe y su estatus social quedaran grabados para la eternidad en la piel de su pueblo.








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