"Nuevo Día" fue un diario de corte conservador y gubernamental que marcó la vida informativa de Cáceres durante el final de la Dictadura de Primo de Rivera y el comienzo de la Segunda República, destacando por su nómina de colaboradores cultos y su fuerte vinculación con el poder local. 

Comenzó a publicarse el 1 de septiembre de 1926 en un Cáceres que contaba entonces con unos 25.000 habitantes. Nació como el órgano oficial del partido Unión Patriótica en la provincia de Cáceres, sirviendo de apoyo a la dictadura de Miguel Primo de Rivera. Tras casi seis años de actividad, el periódico se despidió de sus lectores el 29 de julio de 1932.

Fue dirigido por el periodista Narciso Maderal Vaquero, quien tuvo una relevancia política posterior muy importante, llegando a ser alcalde de Cáceres y presidente de la Diputación Provincial. Contó con firmas ilustres de la época como: León Leal Ramos (figura histórica fundamental de la ciudad), José Ibarrola (quien da nombre al Paseo Alto), Federico Reaño (militar, escritor y poeta) o Cayetano Molina que era un colaborador habitual que enviaba crónicas desde pueblos como Miajadas.

Y fue precisamente Cayetano Molina, quien escribió un total de 5 cartas que se publicaron en la sección "Al pasar" del periódico Nuevo Día, sobre su visita a la población de Cilleros en Noviembre de 1929. A esta serie de cartas le dio el nombre: "Desde la ermita de Navelonga se ve el Santuario de la Montaña", ya que en la visita comprobó que con unos anteojos en un día despejado, podía ver el Santuario de la Virgen de la Montaña, patrona de Cáceres, desde la ermita de Navelonga de Cilleros, separadas por 81,5 km de distancia. Cayetano describe su viaje de forma amena, aunque de forma muy partidista, lo cual no resta importancia a algunas de las descripciones y detalles que aporta sobre la población de Cilleros, que nos dan una visión general de como era y estaba el pueblo en el año 1929.


 - Carta I,  22 Noviembre 1929 -

Hace ya un puñado de días, me encontraba en Cañaveral; es este pueblo, como todos sabemos, la puerta de entrada para penetrar en Sierra de Gata. Tenía yo la obsesión de visitar esta comarca, en conjunto, porque aisladamente hace bastante tiempo había visitado Valverde del Fresno, el pueblo fronterizo a la Beira, y ahora quería ir hasta Descargamaría, limítrofe por esa parte de las Hurdes, y en otra ocasión colarme en la región que, en los tiempos viejos, era una vergüenza nacional, cuyos problemas se trataban a los postres de algún banquete, pero nada se hacía por ella, como no se hacía tampoco por nadie; y ahora, sin aquellas estridencias, se va haciendo todo: escuelas, iglesias, caminos, factorías, plantación de pinos, regeneración en todos los órdenes físicos y morales de aquellos hermanos nuestros, más hermanos cuanto más la desgracia se ha cebado en ellos.

Bueno; como digo, me encontraba en Cañaveral, en casa de mi antiguo amigo Domínguez, el buen ex alcalde que sabe de todo, menos de tratar mal a nadie; este hombre es muy original y muy bueno, es enciclopédico y trabajador como pocos, no tiene más rato de distracción que cuando al anochecido se va a casa de su vecino Málaga y en su charla amena y sugestiva hace que se pasen un par de horas como rápido soplo. Tiene algo de Sancho y mucho de Quijote, es además hombre práctico y lo prueba que cuando tomó posesión de la Alcaldía, se encontró con un Ayuntamiento, como dejaron los políticos de las esencias, todos los Municipios: entrampados y sin una gorda y él se dio trazas a sanear aquello y a robustecer el crédito de la casa de todos.

Y tiene un chiquitín que es un ángel; aquí sí que se puede decir aquello que de «tal palo tal astilla»; listo, con inteligencia precoz, vivaracho, estudioso, de claro porvenir. ¡Dios quiera que no se tuerza! Yo siempre que llego allí, y son muchas las veces, lo primero que pregunto es por el chiquillo; se lee de cabo a rabo NUEVO DÍA y el muchacho siempre me habla de mi último artículo y me lo explica; a mí, francamente, me tiene sugestionado, o más claro, me tiene cogido el pan de bajo del brazo.

Estas noches largas obligan a acostarse tarde, pero yo tengo que acostarme temprano relativamente, porque he de madrugar para coger el coche de «La Serrana», esa entidad comarcana que ha resuelto en absoluto el problema de las comunicaciones en toda Sierra de Gata, y oigo el despertador señalando las cinco y media de la mañana, una mañana fría, huraña, como gesto de usurero, y me abrigo con una manta pseudo-zamorana, que llevo como un reto a las inoportunas pulmonías.

Ya sentados los viajeros en los muelles asientos del coche, la casualidad me concede ir junto a un señor de aproximadamente de mi edad, algo grueso; desde luego se ve que es hombre amable y culto; no es viajante de comercio, aunque natural es que los viajantes de comercio, por el hecho de serlo, posean cultura enciclopédica; pero esta cultura que noto, no es la del que viaja, y como la abeja para hacer la miel en la colmena, tiene que libar en muchas flores; no, esta cultura es la del benedictino que la amasa día por día y hora tras hora, en su refugio espiritual; el coche se pone en marcha en dirección a Torrejoncillo, yo llevo billete hasta Moraleja, fumamos y empezamos la charla, que se inicia sobre lo fría que está la madrugada.

Llevo un itinerario de Sierra de Gata, que me ha facilitado don Cesáreo Gutiérrez, el hombre bueno, modesto e inteligente, así, sin énfasis ni bombo; el actual secretario del Ayuntamiento de Miajadas, es hijo de Moraleja y me ha dado tarjetas de recomendación para estos pueblos! ¡Qué bueno es! Me tiene prohibido que hable de él y yo sospecho que al leer estas líneas se enfade, pero me perdonará; con él no me ocurrirá lo que en cierta ocasión me ocurrió aquí en Miajadas, que hice una crítica de teatro, donde trabajaron jóvenes de la localidad y ocurrió que hablando bien de todos, estuve expuesto a un desafío. ¿Qué hubiera ocurrido, Dios mío, si llego a hablar mal? La estulticia del querellante le hacía irresponsable de un incomodo.

Pues ese itinerario me decía que para ir a Cilleros, tenía que salir de Moraleja; esa es la ruta. Cilleros es el pueblo de los escudos a granel, es de los pueblos más importantes de Sierra de Gata y yo quería ir a Cilleros y por eso saqué billete hasta Moraleja.

Y hablando, hablando, con mi compañero de viaje, convinimos en hacer el viaje juntos desde Moraleja; porque el «auto» que desde allí cobra 20 pesetas, lo pagaríamos a medias y nos hacíamos mutuo favor.

Y él me dice: —Mire usted; yo soy el secretario de aquel Ayuntamiento, y puede contar conmigo para todo lo que en dicho pueblo le haga falta y yo pueda serle útil.

A lo que gustoso le contesté: —Servidor, es Cayetano Molina, que quiero enterarme de todo lo bueno que hay en la provincia, y Cilleros es nuestro, de Cáceres, y merece la pena de ser visitado.

El buen secretario se levanta, me da la mano y me dice: —Hombre, he leído mucho de usted, me alegro de conocerle; la Virgen de Navelonga nos espera; desde su ermita se ve la Montaña, de Cáceres; va usted a hablar de la Virgen.

Y continuamos la marcha, que otro día, acaso mañana, detallaré.

De arriba a abajo y de izquierda a derecha: Peral (Sargento de Carabineros); Antón (Alguacil); Julian Vazquez (Latero); Dionisio Bofia; Angel González (Alcalde 1913-1914); Real; Claudio Pulido (Cabo Primero de la Guardia Civil); Eloy Albarrán (Secretario); Gregorio García (Juez de Paz); Julián Tomé (Alcalde 1923); Urbano Repilado; Abelardo Sánchez Mateos (Alcalde 1920).


- Carta II, 23 Noviembre 1929 -

Continuamos el viaje y llegamos a Torrejoncillo, arribando a la plaza principal, donde está la iglesia parroquial y donde se encuentra la casa Ayuntamiento, uno de los mejores edificios que a este efecto tiene nuestra provincia. Las mesas de los churros están en auge, un numeroso cortejo de hombres y mujeres enlutados penetra en el templo, es la misa fúnebre en prez de un difunto; Torrejoncillo es uno de los pueblos de más rancia religiosidad no sólo de Extremadura sino acaso de España entera; lo dicen así sus costumbres morigeradas, el vestido largo, medieval de sus honestísimas mujeres, que tienen la doble hermosura del alma y del cuerpo, y lo proclaman las costumbres austeras de sus varones. ¡Qué lástima que la crisis fabril haya afectado a este buen pueblo, hiriéndole en su fibra económica más sensible! Para los pueblos indolentes debieran producirse las crisis, para los que son afanosos y trabajadores como Torrejoncillo, jamás.

Mientras el correo se despacha, penetramos en el café, donde tiene su parada el auto; en ese café, muy bien servido por cierto, hay varias mesas, pero todos los viajeros hacemos en la más grande, mesa redonda; el frío nos solidariza; existe entre nosotros más unión que entre los ilustres miembros de la Sociedad de Naciones, acaso porque no sabemos tanto como ellos, ya que es axiomático que es más fácil unir a los humildes de inteligencia que a los consagrados como sabios, puesto que éstos tienen sus teorías que cada una de ellas brilla con luz propia, como los astros del firmamento, y jamás se unen, acaso porque si en el sistema sideral los astros se dieran con el codo, se produciría el caos, más tenebroso que el preconizado por el positivamente ilustre Laplace, pensador y humorista a la vez, del país galo, mezcla de Víctor Hugo y de Julio Verne.

Ya, pues, sentados en la mesa redonda, el buen secretario de Cilleros, el señor Albarrán, buen secretario he dicho y ahora diré que buen padre; su viaje es de regreso y obedece a dejar en Herreruela, en el simpático pueblo lindante con la provincia de Badajoz, por la parte de San Vicente de Alcántara, a su hija señorita Aurelia Albarrán Cordero, a cargo de aquella escuela nacional.

Los padres lloramos siempre cuando hablamos de los hijos en recompensa a lo que hemos reído cuando hemos tenido el cariño paternal, ángel custodio de nuestros primeros pasos en la vida; don Eloy, que tiene en sus labios una nota de alegría, se acentúa esa nota con sello inconfundible cuando habla de su buena hija, que ha hecho su carrera del Magisterio con notas muy favorables.

Yo le oigo con singular reverencia, porque entiendo que los hombres podemos mentir en muchas ocasiones, pero cuando se trata de nuestros hijos, decimos siempre la verdad, y es más, aunque no la dijéramos toda, es en la única ocasión de la vida en que la pasión es disculpable, por lo sincera que es.

Entre sorbo y sorbo de café, llega a nuestros oídos el toque de bocina del majestuoso auto de «La Serrana» y nuevamente a tomar asiento en el coche.

Llegamos puntualmente a Coria, la Sede catedralicia de Cáceres y de los pueblos de su Diócesis; en la carretera vemos sacerdotes que en sus ojos se ve el reflejo de la fatiga incesante de sus estudios teológicos, de un sacrificio en holocausto de los humanos; vemos carabineros que en cumplimiento de su deber, otean por si hay contrabando, un benemérito que está ojo avizor en defensa de la sociedad amenazada siempre; grupos de labradores que van a sus faenas agrícolas; bellas muchachas con sus típicos trajes que llevan menesteres y viandas. ¡Qué hermosas son las muchachas de Coria! ¿Verdad querido Alvarez Jusué? Y después de la espera del correo, otra vez en marcha con dirección a Moraleja, para después ir a Cilleros en busca de la Patrona del pueblo, Virgen de Navelonga.

Mañana continuaremos, que las columnas del periódico no están para esto sólo.

Pura, Angela y Aurelia Albarrán, Cilleros 1918


- Carta III, Noviembre 1929 - 

Llegamos a Moraleja; éste es el pueblo más castizo, en el buen sentido de la palabra y de la intención, que tiene nuestra provincia; Moraleja la llana, sugestiona aun sin conocerla, porque por algo se la llama en toda la comarca, Sevilla la chica; es en el orden industrial un positivo valor, pues cuenta con una importante fábrica de sulfuros, la única que existe en nuestra provincia; sus mejores dehesas son criaderos de reses bravas, pertenecientes a ganaderos salmantinos y de aquí, que están ojo avizor siempre para que el interés de la fiesta llamada nacional no decaiga.

Vamos en busca de Flores, el buen chófer y pulcro industrial que nos ha de conducir a Cilleros; en todas partes saludan al señor Albarrán, que se ve es hombre popular y afectuoso, y ya en las riberas de Gata, junto al Puente Romano, cogimos el auto, que si Flores de apellido es su dueño, cuajado de flores pintadas en su interior nos encontramos el coche.

Y ahora que hablo del Puente Romano que se encuentra sobre las riberas de Gata, diré que nuestra excelentísima Diputación, sin estímulos de nadie y sin que nadie se haya molestado en pedírselo, va a proceder a la ampliación de la anchura de dicho puente, ya que para el tráfico moderno es demasiado estrecho, y he observado con tal motivo que lo mismo vecindario que autoridades de Moraleja, aplauden esta acertada iniciativa de la Diputación.

En el camino que conduce a Cilleros, se están terminando los trozos que corresponden a Moraleja; el recorrido que corresponde a Cilleros hace ya bastantes años que se encuentra terminado, por cierto tan bien construido y en terreno tan firme, que a pesar de los años que está abierto al tránsito no ha necesitado repararse; si bien es conveniente que al terminar los trozos correspondientes a Moraleja se le haga un recorrido de arreglo, ya que lo mismo a las personas que a los caminos, que a todo lo que en la Naturaleza existe, los años no pasan en balde.

Ya, pues, estamos en el término de Cilleros, en Sierra de Gata; a mi mente acuden los panoramas campestres de la Vera y del Valle; los tres predios comarcanos guardan cierta analogía, y sin embargo, no son iguales: cada uno tiene un sello especial. Lo que ocurre es que las bellezas naturales de estos campos nos subyugan y nos hacen, cuando nos encontramos en uno cualquiera de ellos, recordar a los otros; al igual que cuando alguna vez hemos admirado la grandeza y exquisitez arquitectónica de la catedral metropolitana en la imperial Toledo, no hemos podido prescindir del recuerdo de la catedral de Burgos. Y siendo ambas dos maravillas, cada una tiene originalidad y su sello personalísimo.

Aldeanueva de la Vera, tiene un sitio cercano a la carretera que va a Jarandilla, conocido por La Garganta, que es un monumento de belleza natural encantador, pues Hoyos por su parte Oeste, recuerda ese sitio de Aldeanueva, y aquí mismo en sierra de Gata, son varias y multiformes las perspectivas campestres que se nos presentan; todos los pueblos de esta comarca se destacan por su riqueza olivarea, pues esos patriarcales arbustos oleaginosos, no son iguales en los distintos términos; así los vemos pequeñitos en general por la parte de Perales y Cilleros y grandes, majestuosos, en el término de San Martín de Trebejo y parecidos en el de Villamiel.

¿Cuáles de ellos producen más? Yo no sé decirlo, pero limitándome a la estructura panorámica, sigo afirmando que es varia y diferente en todos estos pueblos y más diferente y varía entre el Valle, la Vera y Sierra de Gata. ¡Qué riqueza tan inmensa la de estos pueblos! Con decir que Cilleros sólo tiene destinadas al cultivo del olivo unas mil hectáreas y la aceituna es de calidad inmejorable; tiene quinientas hectáreas donde se cultiva la vid, que produce una uva blanca selectísima y un vino blanco aromático, que algo se vende en Cáceres y casi todo en los pueblos comarcanos; por cierto que ya que del viñedo hablo, diré como una prueba de la vitalidad y energía de este pueblo para afrontar el peligro y resolver las situaciones difíciles, que hace ya 25 años fue invadido este término por la filoxera que acabó con el viñedo, pero se acometió la repoblación con vides inmunes con tal arrojo, que hoy ese viñedo se encuentra en plena producción. Existe una gran variedad de árboles frutales que matizan el campo y éste se labra y cultiva en gran extensión, pues entre esa vegetación admirable se encuentra la blanca ermita de la Virgen de Navelonga, tan venerada por todos los hijos de Cilleros.

La ermita se encuentra en plena sierra, algo más de un kilómetro del pueblo y a unos 95 de Cáceres, teniendo en cuenta la carretera a Portezuelo-Moraleja, y desde este punto el cuentakilómetros del auto hasta llegar a la plaza de Cilleros; pues su elevación es tal que en los días claros y diáfanos, con apropiado anteojo, se ve el Santuario de la Montaña.

Las dos advocaciones netamente extremeñas unidas visualmente por su situación topográfica. La Virgen de Navelonga—que quiere decir Navelarga—tiene su significado y origen en que los hijos de Cilleros, en sus grandes viajes, cuando en defensa de la Patria van a lejanas tierras, en las adversidades e infortunios piden anhelantes y confiados protección a su Virgen querida.

Ahora recientemente y a expensas de filantrópica dama de muy cristianas virtudes, de doña Lucila Bacas, se ha restaurado, con gran acierto artístico, tan venerada imagen. Mañana trataré otros aspectos de la vida de Cilleros.

Escuela de niñas en el Pósito Municipal, Cilleros 1929


- Carta IV, 27 Noviembre 1929 -

Ya estamos en Cilleros y en la casa del buen secretario y amante padre, señor Albarrán; su esposa y sus hijos le reciben, como se recibe con amor intenso al jefe del hogar; don Eloy tiene un rasgo singularísimo y un don de gentes que sugestiona; no es el secretario ritualista, protocolario, mecánico y frío; es el hombre de inteligencia clarísima y de corazón inundado por la bondad; don Eloy, más que un secretario, es un patriarca; en Cilleros todos le quieren y nadie le odia, es hijo de aquí, empezó siendo auxiliar y poco a poco, pausadamente, llegó a ocupar este cargo que desempeña con el beneplácito y asentimiento de todos sus convecinos, hace ya bastantes años.

Tengo interés en ser extenso al hablar de Cilleros, aparte de que el pueblo se lo merece en sí; es que también se portaron muy bien conmigo y en forma sencilla, como deben ser las cosas; a mí, que me empalagan las cortesías o cortesías exageradas, me agradan por lo mismo la llaneza en el trato y la sinceridad que, rebosando del alma, se pone en los labios; y todo eso lo encontré en el hidalgo hogar del señor Albarrán, cuya amable esposa y buenas hijas se desvivieron en obsequiarnos, como saben obsequiar las buenas extremeñas y más si estamos en este paraíso que se llama Sierra de Gata.

Salimos a la calle; quiero visitar al culto profesor nacional, don Leandro Alejano Fonseca, de quien una positiva autoridad pedagógica me había hablado encomiando su labor, y pasamos por la calle de don Darío Bacas, el hijo ilustre de Cilleros, a quien el pueblo dedicó artística y marmórea lápida, honrando su memoria y honrándose a sí mismo; porque los pueblos que enaltecen a sus hijos preclaros, son pueblos en los que se siente un patriotismo inmaculado. El ilustre Bacas, fue coronel de la Armada, una figura en el campo de la ciencia, inventor entre otros aparatos del Goniobarímetro; la calle es la mejor del pueblo, o por lo menos una de las mejores; la arquitectura es la típica de todos los pueblos de la Sierra de Gata, parecida en parte como los paisajes campestres a los pueblos de la región verata, pero no iguales; ya lo dice el aforismo popular:

Quien ve a Perales ve los demás lugares.

Y es cierto: sacar una fotografía de una calle cualquiera de Perales del Puerto, es llevar al cliché una calle de Hoyos o de Villamiel o de Gata o de Cilleros o de otro pueblo, el que quiera que se nombre, de la oleaginosa Sierra de Gata.

En la acera de enfrente a donde se halla la lápida del insigne Bacas, y en la esquina de uno de los mejores edificios de dicha calle, existe un monumental escudo, blasón linajudo que no puedo descifrar porque mis conocimientos en Heráldica son muy superficiales; otros muchos, varios blasones ornamentan en otras calles otros edificios; ello hace suponer que Cilleros ha sido en tiempos pretéritos recinto de gente noble.

Llegamos a la plaza, donde está el Ayuntamiento y la escuela de niños, que dirige el señor Alejano; el edificio municipal tiene aspecto de una gran casa solariega; sus paredes tienen grandes bloques de piedra uniformados, sus escaleras son ciclópeas. La torre parroquial, que está situada en dicha plaza, a la izquierda, conforme hemos subido al Ayuntamiento, la torre —supongo que la parroquial y ante el temor de equivocarme hago esta observación— esta torre, tiene muy pocas imitaciones en la provincia; acaso la de Granja de Granadilla, que hace ya unos diez años pasé por dicho pueblo y tengo en la mente su recuerdo, sea igual, muy gemela. Forma en su base un cuadrilátero, pero adherido a él por una de sus caras, amplia escalera granítica, de la misma anchura que el lado que ocupa; de forma que en la escalera que en las torres es siempre interior, aquí es exterior. Es la trastienda haciendo de escaparate.

Subimos al piso superior del Ayuntamiento donde está instalada la escuela de niños; llegamos a punto de terminarse la clase y el profesor señor Alejano, ordena al grupo más adelantado que suspenda la salida, y así lo hace; cambiamos saludos afectuosos y a voleo y como esto ya era fuera de clase y tearle a los vivarachos chiquillos problemas matemáticos en el encerado.

A los que están más gruesos le planteo problemas de interés, de lo que ganarían con x pesetas en x tiempo; a los más delgados les hablo de lo que perderían y veo que todos conocen: es a ::: como el y x incógnita.

¿Que por qué hacía esas preguntas de ganancia o pérdida según fueran gruesos o delgados los niños? Me explicaré. Yo no soy pedagogo, pero me precio de ser algo psicólogo y además tengo buena memoria y me acordé que un buen médico de mi pueblo me dijo hace ya muchos años, que el 75 por 100 de los prestamistas, eran gruesos; un 10 por 100, de carnes regulares y el 15 restante, delgados y también me dijo que era raro el usurero que en alguna o en varias épocas de su vida no padeciera la enfermedad de la ictericia y, claro es, yo, ensanchando la esfera de ese argumento, dije: Pues a los gruesos, los vamos a considerar como si dieran dinero y quisieran ganar algún interés con él y a los delgados, inclinados a la pérdida, le vamos a hablar de ella.

Lo cierto es que los muchachos respondieron admirablemente y según planteándoles problemas y ellos, tranquilamente, siguieron resolviéndolos. Ya pude explicarme las notas favorables y los adjetivos encomiásticos que en ocasión oportuna tuvo para este digno profesor, el cultísimo inspector de Primera Enseñanza, señor Cámara.

Y ya, porque es de justicia, no he de omitir en este trabajo la intensa labor pedagógica que viene desenvolviendo, con la gratitud de todo el vecindario, la dignísima y virtuosa profesora de la escuela nacional de niñas, doña Lucrecia Alfaro Rivero.

El reloj nuevo que se ha instalado durante el nuevo régimen, da las doce campanadas y nos vamos al casino llamado «Plus Ultra», que es el «más allá de donde estamos».

Hasta mañana.

Darío Bacas Montero, Coronel de la Armada, Cilleros 1854-1913


- Carta V, 28 Noviembre 1929 -

Ya estamos en el salón principal del «Plus Ultra» y ya nos reunimos un grupo que, al conjuro de las presentaciones que mutuamente ha hecho el señor Albarrán, nos hemos hecho amigos y hemos familiarizado; el joven Guillén, hermano del alcalde don Joaquín, que a la sazón se encontraba en Don Benito; Flores, el de las flores; Albarrán (Alejo); Baltasar (Luis); Ramajo, que no deja de obsequiarnos y otros.

Por ellos me entero cuidadosamente del culto fervoroso que todo el pueblo tiene a la Virgen de Navelonga; quien a su amparo se pone y a Ella eleva sus plegarias y oraciones, sale airoso en sus empresas y sus penas y congojas se esfuman; hace ya años, el Municipio hace las veces de mayordomo, porque así se encuentra más genuinamente representado todo el pueblo; se celebra la fiesta de San Blas el día 3 de Febrero con gran aparato y solemnidad y existe la religiosa Asociación de San Vicente de Paul, de señoras encargadas del socorro a los necesitados.

Este pueblo es de costumbres tan morigeradas y es de carácter tan poco pendenciero, que transcurren los años y los años sin que se produzca una sola riña.

En cuanto a mejoras conseguidas desde el advenimiento del nuevo régimen, cometeríamos una omisión imperdonable si no las diéramos a conocer a nuestros lectores; ahora se está terminando y se inaugurará a principios del año entrante, el Cuartel para la benemérita; los de Cilleros lo juzgan el mejor de la provincia; en relación con su importancia, ha costado 42.000 pesetas y se ha hecho sin subvención de ninguna clase; la principal fuente de ingresos de este municipio, es el repartimiento, y su presupuesto es de unas 47.000 pesetas tienen proyectado para 1930, hacer nuevos locales escuelas, siguiendo la pauta de la mayoría de los pueblos de nuestra provincia; se ha hecho un Matadero municipal, se ha instalado el teléfono en contacto con el telégrafo en Hoyos, se ha adquirido un reloj nuevo, se han arreglado algunas calles, se adquirió un microscopio para el reconocimiento de las carnes, todas las atenciones se encuentran cubiertas y cuentan con un activo aproximado de 12.000 pesetas.

En cuanto a vías de comunicación, cuenta este pueblo con el camino a Moraleja y tienen concedido uno que, partiendo de la parte Oeste del pueblo, vaya a enlazar con la carretera del Valverde del Fresno a Hervás, en el término de Villamiel, y es opinión general y muy razonable, que este camino llegará a enlazar con el ya existente de Moraleja, que se encuentra al Este, porque no haciéndolo así, el pueblo, a pesar de tener esos dos caminos muy interesantes para su desenvolvimiento, no enlazándolos, en realidad, Cilleros queda aislado, cuestión que indudablemente será resuelta por quien corresponda en este sentido.

También tienen solicitado otro camino a Perales.

Las oficinas del Ayuntamiento, están muy bien instaladas y el archivo pulcramente ordenado; tienen allí un magnífico reloj, una máquina de escribir «Underwood», caja de fondos y varios retratos, todo ello adquirido durante el nuevo régimen; esto de la buena organización de las oficinas municipales responde al espíritu previsor del señor Albarrán, que es muy elocuente el hecho de que en los largos años que lleva desempeñando la Secretaría, no ha disfrutado una sola licencia; está en posesión de la Medalla del Cuerpo de Secretarios, concedida por esta Corporación municipal en 10 de Septiembre último.

Cuenta este vecindario con una sección del Cuerpo de Carabineros, al mando del cual se haya un teniente de dicho Instituto.

Es meritoria también la labor que en defensa de la salud pública realiza el culto profesor veterinario, natural del vecino pueblo Robledillo de Gata, que lleva ya en ésta 14 años en el ejercicio de su profesión.

Sentí mucho no haber podido saludar al joven alcalde, señor Guillén, ni al digno juez, don Enrique Guillén, por encontrarse ausentes durante mi estancia en Cilleros; pero lo que sí he de hacer constar es que de todos los labios salían frases de alabanza para el presidente de la Unión Patriótica del distrito, don Ricardo Galván, que tantos afectos tiene en estos pueblos y muy singularmente en Cilleros, pero de este buen salmantino, que en nuestra provincia vive y aquí derrocha sus energías y es un ejemplo de dinamismo puro, me ocuparé otro día, cuando hable de Villamiel, cuyas notas tengo en cartera.

Regreso a Moraleja, donde he de entrevistarme con el bueno, el culto colaborador de NUEVO DÍA, señor Madroñero; y veo la ermita blanca, en medio de un campo exuberante de vegetación, y vienen a mi mente las blancas ermitas de la sierra, que circunda en parte la ciudad de los Abderramanes, Córdoba, la Sultana; y viene también a mi mente el nombre de Grilo, cuya lira limpia, mística y sonora quisiera yo ahora tener para cantar algo en loa de la Virgen de Navelonga y de su ermita, blanca como la pureza de estas buenas gentes que creen y tienen fe, materiales extraídos de la cantera de su espíritu.

No es fácil que se borre de mi mente el recuerdo grato de Cilleros.

Joaquín Guillén Bacas, Alcalde de Cilleros 1929


Fuente: Nuevo día : Diario de la Provincia de Cáceres. Fotografías: Cilleros, 100 años de historia - Javier Tomé.