Cuando hoy parece que la terminación de la autovía EX-A1 desde Navalmoral de la Mata a la frontera portuguesa por Cilleros está más cerca de concluirse, nos ponemos nostálgicos, pero de esa nostalgia que escuece un poco, para recordar una de las luchas más largas y desesperantes de nuestro pueblo: la construcción del camino de Cilleros a Moraleja.
Es difícil imaginar hoy, mientras recorremos esos pocos kilómetros en coche, que hubo un tiempo en que esa distancia era un abismo que condenaba a Cilleros al aislamiento y a la pérdida de sus riquezas. Esta es la crónica de casi tres décadas de promesas rotas, sudor y una paciencia que se agotó muchas veces.
La historia del camino entre Cilleros y Moraleja es el relato de un pueblo rico atrapado por la geografía y la desidia administrativa. La necesidad no era un capricho, sino una cuestión de supervivencia económica y social que se formalizó a principios del siglo XX.
La chispa oficial se encendió en 1903, cuando los ayuntamientos de Cilleros y Moraleja solicitaron conjuntamente la construcción de un camino vecinal que enlazase ambas poblaciones. Este paso se dio al amparo de una Real Orden del 4 de septiembre de aquel mismo año. Tan urgente se consideró que, apenas un mes después, el 29 de octubre de 1903, la Diputación de Cáceres celebró una sesión extraordinaria para abordar la cuestión de los caminos vecinales, acordando subvencionar el 51% del presupuesto total de la obra.
La petición no nació de la nada, sino de una contradicción dolorosa: Cilleros era un pueblo próspero, de los más ricos de la provincia, con una producción superabundante de aceite, vino, cereales y frutas. Pero estaba "aislado del mundo". Debido a la "absoluta falta de medios de comunicación", los productos locales no podían transportarse. Se daba el caso desolador de que las frutas se estropeaban en el mismo surco, sirviendo solo para alimentar al ganado al no poder sacarlas al mercado.
En 1904, se definieron los detalles técnicos de lo que debía ser la solución a este aislamiento:
A pesar de que la necesidad era evidente y los planes estaban aprobados desde 1905, lo que debía ser un avance rápido se convirtió en un calvario de casi tres décadas de obras suspendidas y promesas incumplidas.
Las obras empezaron, sí, pero con una fragilidad desesperante. En diciembre de 1907, los trabajos se suspendieron por primera vez. Tras meses de silencio y por mediación del político local Juán Muñoz Chaves, cuya influencia era vital para mover los hilos en Madrid y en la provincia, en 1908 se pedía con urgencia reanudar las obras, logrando liberar apenas 15.000 pesetas para continuar. Sirva como anécdota, contar que la urna procesional del Santo Entierro, que recorre las calles de Cilleros en la procesión del Viernes Santo, realizada en madera y cristal, se encargó y fabricó a principios del siglo XX; la obra llegó en camión hasta la población de Moraleja, y claro, al no existir camino ni carretera decente a Cilleros por la que pudieran transitar vehículos, los hombres de Cilleros tuvieron que trasladar a hombros la Santa Urna los 14 kilómetros de distancia entre ambas poblaciones.
Sin embargo, el verdadero golpe llegó en 1912. Cilleros atravesaba una situación de miseria absoluta tras la pérdida de cosechas y la destrucción de sus viñedos. La desesperación era tal que, en apenas dos años, más de 200 vecinos se vieron obligados a emigrar a la Argentina huyendo del hambre. En aquel agosto de 1912, el Ayuntamiento, a instancias del concejal conservador Abelardo Sánchez, dirigió una petición desesperada al Gobierno: pedían continuar el camino a Moraleja no solo por la comunicación, sino para dar trabajo y "sustento diario" a los vecinos que ya no tenían nada que llevarse a la boca. El camino ya no era solo una vía de comercio; era un salvavidas contra la muerte y el éxodo.
Pasaron los años y el camino seguía siendo una cicatriz inacabada. En mayo de 1927, la indignación estalló en la prensa. El cillerano Pedro Mateos, en un artículo cargado de amargura, calificaba la situación de "vergüenza provincial". La descripción del estado de las obras tras 24 años era desoladora:
Incluso en agosto de 1927, se denunciaba que Cilleros estaba tan incomunicado que ni siquiera un "modesto Ford" podía llegar con normalidad al pueblo. Se exigía un camino que nos pusiera en comunicación con el "resto del mundo".
La presión surtió efecto. A finales de 1929 se aprobaron finalmente los proyectos de obras restantes. Y así, tras casi 30 años de lucha, el 13 de marzo de 1931, se anunciaba con orgullo que el camino vecinal de Cilleros a Moraleja quedaba abierto al tránsito público. En junio de ese mismo año se aceptaron oficialmente las actas de recepción de la obra.
En Cilleros comienza la época de mayor gran auge demográfico; partiendo de una población de 2.719 habitantes en el año 1920, se pasa a 3.318 habitantes en el año 1930, y llegando a la máxima población histórica de Cilleros, alcanzando los 4.798 habitantes durante el año 1940.
Aquellos 13 kilómetros fueron mucho más que piedras y arena. Fueron el fin de un aislamiento que nos costó cientos de vecinos que se fueron para no volver y toneladas de esfuerzo desperdiciado.
Fuentes: Nuevo día, Diario de la Provincia de Cáceres; El noticiero, diario de Cáceres; Boletín oficial de la provincia de Cáceres.

Milenaria población pre-romana, frontera entre Lusitanos y Vetones, adquirió cierta relevancia en época romana. Con la invasión musulmana, vuelve a ser territorio de frontera, en la llamada Trasierra Leonesa. Hasta el año 1213 no se produce la Reconquista definitiva del territorio por el Rey Alfonso IX de León, quien lo dona a la Orden Militar de Alcántara; el 20 de octubre de 1306 el décimo Maestre de la Orden, frey Gonzalo Pérez Gallego, concede a Cilleros la Carta de Villazgo.
