En el paisaje extremeño, y de forma muy especial en el término municipal de Cilleros, se alzan unas construcciones que parecen brotar de la misma tierra: los chozos de piedra seca. Estas estructuras no son solo refugios; son el testimonio vivo de una técnica constructiva milenaria y de un modo de vida, el pastoril y agrícola, que moldeó nuestra identidad durante siglos.
Lo que hace únicos a los chozos de Cilleros es su pureza constructiva. Siguiendo la tradición de la "arquitectura popular de piedra seca", estas piezas se levantan mediante el apilamiento meticuloso de piedras (generalmente pizarra o granito local) sin utilizar ningún tipo de mortero, cal o cemento. La cohesión se logra exclusivamente mediante la gravedad y el encaje preciso de cada pieza.
El elemento arquitectónico más impresionante de nuestros chozos es, sin duda, la falsa bóveda (o bóveda por aproximación de hiladas). A diferencia de una cúpula romana que requiere un complejo cimbrado, la falsa bóveda se construye desplazando ligeramente cada hilada de piedras hacia el interior respecto a la inferior. El proceso culmina con una gran losa central, llamada "clave", que cierra el habitáculo.
Como bien se analiza en estudios etnográficos de la región, el origen de estas construcciones no es medieval ni moderno, sino que hunde sus raíces en el Neolítico. Aunque los ejemplares que hoy vemos en Cilleros pueden tener desde décadas hasta un par de siglos, el diseño es heredero directo de las construcciones megalíticas y de los "tholos". Esta técnica se mantuvo inalterada a través de los tiempos porque ofrecía una solución perfecta, barata y duradera utilizando el material más abundante del entorno: la piedra que estorbaba en los cultivos.
Si paseamos por nuestras dehesas y olivares, observaremos que los chozos de Cilleros suelen compartir rasgos distintivos:
El chozo no era una vivienda permanente, sino un refugio estacional y funcional. Su uso principal estaba ligado a:
A pesar de su valor histórico y etnográfico, los chozos han sufrido un progresivo abandono desde la segunda mitad del siglo XX, coincidiendo con la mecanización del campo y el cambio en los modos de vida rurales. Muchos de ellos han desaparecido o se encuentran en estado de ruina. Sin embargo, en lugares como Cilleros aún es posible encontrar ejemplos bien conservados, que constituyen un patrimonio cultural de primer orden. Estas construcciones no solo hablan de técnicas arquitectónicas ancestrales, sino también de una relación equilibrada entre el ser humano y su entorno.
Aunque no existe un inventario completo, el término de Cilleros llegó a contar con decenas, probablemente centenares, de chozos de piedra seca, dispersos por dehesas y zonas de cultivo, lo que da idea de la importancia de estas construcciones en la economía tradicional. Los que se que se conservan, son mucho más que simples refugios rurales: son la materialización de un saber tradicional milenario, heredero directo de las primeras formas de arquitectura humana. Su estudio y conservación permiten comprender mejor la historia, la economía y la cultura de las comunidades que habitaron, y aún habitan, este territorio.
Preservarlos no es solo una cuestión de patrimonio, sino también de identidad.
Fuente: Los chozos extremeños: referente histórico y recurso socio-cultural para el futuro - José Luis Martín Galindo.

Milenaria población pre-romana, frontera entre Lusitanos y Vetones, adquirió cierta relevancia en época romana. Con la invasión musulmana, vuelve a ser territorio de frontera, en la llamada Trasierra Leonesa. Hasta el año 1213 no se produce la Reconquista definitiva del territorio por el Rey Alfonso IX de León, quien lo dona a la Orden Militar de Alcántara; el 20 de octubre de 1306 el décimo Maestre de la Orden, frey Gonzalo Pérez Gallego, concede a Cilleros la Carta de Villazgo.
