Las ermitas de Humilladero (o simplemente "humilladeros") eran construcciones religiosas muy particulares que proliferaron en España, especialmente entre los siglos XV y XVIII. No eran iglesias para dar misa, sino hitos devocionales con una función muy específica. En Cilleros contábamos con nuestro propio Humilladero del cual, hoy en día no queda rastro alguno.
Pero, ¿cómo eran física y funcionalmente los Humilladeros?
Eran construcciones con una ubicación estratégica, casi nunca las encontrabas en el centro del pueblo. Se situaban en las entradas y salidas de las poblaciones, en los cruces de caminos o en las cimas de cerros cercanos. Su nombre proviene del acto de "humillarse" (arrodillarse) que hacían los viajeros al llegar o partir de un lugar para pedir protección o dar gracias.
La arquitectura típica, aunque varía según la región, en la mayoría compartía estas características: plantas sencillas, generalmente cuadrangulares o poligonales, de dimensiones reducidas; el pórtico o atrio es su seña de identidad. Muchas tenían una zona techada abierta sostenida por columnas o pilares. fachada abierta, esto permitía que el caminante pudiera ver la imagen religiosa desde el camino, incluso si la ermita estaba cerrada.
Y como elementos icónico, en el interior o justo enfrente del humilladero solía haber una Cruz de Término. Era una cruz normalmente de piedra sobre una columna o pedestal que marcaba el límite jurisdiccional del pueblo.
El Humilladero de Cilleros era un perfecto ejemplo de lo anteriormente expuesto, construido con cuatro columnas de piedra de cantería con sus basas y sus capiteles, techumbre de madera y en el centro, un pedestal con un a cruz de madera con una corona de espinas.
Con el tiempo se cerraron las cuatro caras del Humilladero con respectivos muros para proteger la cruz; el motivo pudo ser por exigencias o necesidades de la cofradía encargada del lugar, la Cofradía de la Cruz o por evitar que ese espacio abierto pero protegido con techo fuera utilizado para usos ajenos a la religión. Además hubo una campaña de los visitadores del siglo XVI aconsejando que se cerrasen estos espacios que en muchos de los casos se utilizaban irrespetuosamente como apriscos.
En enero del año 1619, Fray Don Francisco de Córdoba y Mendoza, Comendador de la Encomienda de las Casas de Coria, Procurador y Visitador General de la Orden de Alcántara, realizó visita a la villa de Cilleros para inspeccionar los bienes locales, vigilar a los comendadores y verificar que las rentas se destinasen a la conservación y expansión. Le acompañaba Diego de Meriz como secretario o escribano. Durante dicha visita, el cillerano Juan Albarrán era del mayordomo de la ermita del Humilladero.
La ermita se situaba en el camino que partía de Cilleros para la ciudad de Coria, posiblemente junto a las confluencias de la actual Avenida de Portugal y de las calles González Fiori y San Pedro.
Todas las paredes de la ermita del Humilladero eran de piedra de cantería labrada y en las cuatro esquinas se conservaban las antiguas columnas también de piedra de cantería. De la parte de la villa tenía una portada con puerta de madera y con su cerrojo de llave, con antepechos al pie de piedra también. En el lado del poniente tenía tres gradas y peana de cantería a la entrada, con losas cuadradas de cantería en el suelo y una fuerte puerta de madera con unos penitentes dibujados en ella. En lo alto, una de las campanas de la villa.
En la pared de el altar se encontraba una pintura de Nuestra Señora que tiene a su bendito hijo en sus brazos de madera y así mismo un Cristo crucificado hecho de talla de madera pintado de barniz encarnado de planta con un rótulo en la cima que dice I.N.R.I. En la pared de el dicho altar pintados de barniz los dos ladrones y asimismo a San Juan y la Madalena.
Y sobre el dicho altar un relicario de madera con una memoria de huesos de el dicho altar. Y las paredes por de dentro de el dicho Humilladero están pintadas de barniz con los misterios de la sagrada pasión y por toda la pared algunas figuras de penitentes. El maderamiento del techo del dicho Humilladero es de madera de castaño de cuartones y tablas de castaño labradas de colorado, blanco y negro.
A la entrada del Humilladero al camino y que está en el altar un cepillo de piedra de cantería labrada para recaudar la limosna con su cerradura y llave.
Es sorprendente que el Visitador describa un Humilladero construido íntegramente en cantería labrada (piedra tallada de alta calidad) y no en mampostería común. Al igual que en las ermitas mayores, el acceso principal por el poniente contaba con tres gradas de piedra, lo que le otorgaba cierta majestuosidad al conjunto.
En el interior, un Calvario Completo, no solo había un Cristo de madera "encarnado" (con colores realistas de piel y sangre), sino que la pared del fondo completaba la escena con pinturas de la Virgen, San Juan, la Magdalena y hasta los dos ladrones. Era una representación total del Gólgota.
Y por último, es muy interesante la mención de un relicario con "memoria de huesos". Esto elevaba el estatus del Humilladero de simple lugar de oración a un espacio sagrado con restos físicos de santos.
Fuente: Libro de visitas del comendador del año 1619.

Milenaria población pre-romana, frontera entre Lusitanos y Vetones, adquirió cierta relevancia en época romana. Con la invasión musulmana, vuelve a ser territorio de frontera, en la llamada Trasierra Leonesa. Hasta el año 1213 no se produce la Reconquista definitiva del territorio por el Rey Alfonso IX de León, quien lo dona a la Orden Militar de Alcántara; el 20 de octubre de 1306 el décimo Maestre de la Orden, frey Gonzalo Pérez Gallego, concede a Cilleros la Carta de Villazgo.
