Cada 2 de febrero, Cilleros celebra la festividad de Las Candelas, una fecha que abre tradicionalmente el ciclo festivo dedicado a San Blas y que, aunque hoy ha cambiado en sus formas y ya no conserva el eco de antiguas celebraciones cargadas de simbolismo.

Actualmente la fiesta de las Candelas se vive como el prólogo de los días grandes del patrón. Sin embargo, en tiempos pasados, el 2 de febrero era una jornada con personalidad propia, marcada por un rito popular que hoy ha desaparecido, pero que quedó profundamente grabado en la memoria colectiva del pueblo: "la ensabaná".

La fiesta de la Candelaria tiene raíces muy antiguas. Su origen se remonta a celebraciones precristianas relacionadas con el fuego y la purificación. En la antigua Roma se celebraban a mediados de febrero las "Februa", fiestas de expiación y regeneración. Con la cristianización del Imperio, la Iglesia adaptó estos ritos y los incorporó al calendario litúrgico. La tradición cuenta que fue el emperador bizantino Justino I, en torno a los años 541 o 542, quien estableció oficialmente la fiesta cristiana de las Candelas el día 2 de febrero, cuarenta días después de Navidad, en recuerdo de la purificación de la Virgen María y la presentación de Jesús en el templo, conforme a la ley mosaica.

El fuego, la luz y la renovación siguieron siendo, sin embargo, los elementos esenciales de esta festividad, y en muchos pueblos de España, entre ellos Cilleros, se desarrollaron formas propias y muy singulares de celebrarla. En Cilleros, el día 2 de febrero comenzaba a vivirse la fiesta por la tarde. Al caer la noche tenía lugar uno de los actos más característicos y recordados por nuestros mayores: "la ensabaná". Según la tradición, la ensabaná consistía en colgar en las calles capachos o capacetas de las almazaras, esos discos de esparto que se utilizaban para prensar la aceituna, y prenderles fuego. Los capachos se situaban aproximadamente a la altura de un hombre a caballo. El desafío era solo para los valientes. Los mozos del pueblo, montados en sus caballerías, debían galopar entre las llamas y el humo, golpeando las capacetas ardientes con sus garrotas. Este acto, que para muchos era una demostración de hombría y valor, parece ser un eco lejano de la Equiria romana, unas carreras de caballos consagradas al dios Marte.

Recreación mediante IA de la "ensabaná" cillerana

El nombre de "ensabaná" tiene un origen doméstico y visualmente impactante. Mientras los mozos demostraban su destreza en la calle, los vecinos de las casas próximas engalanaban sus balcones y ventanas colgando sábanas blancas y colchas cameras. El contraste del blanco de las sábanas con el rojo del fuego y el negro del humo creaba una atmósfera casi mágica en el corazón de Cilleros. Muchos han querido ver en esta práctica un posible recuerdo de ritos aún más antiguos, quizá vinculados a ceremonias de iniciación o pruebas de hombría para los jóvenes del pueblo. Otros la relacionan con antiguas fiestas ecuestres, como la Equiria romana, en las que los caballos tenían un papel protagonista.

Sea cual sea su origen remoto, lo cierto es que la ensabaná formó parte esencial de las Candelas cilleranas durante generaciones. Las fuentes orales recogidas entre los vecinos más mayores sitúan la última ensabaná en el año 1929. A partir de entonces, la costumbre fue perdiéndose, seguramente por razones de seguridad y por los cambios sociales que trajo el siglo XX. Pero aunque el acto central desapareciera, el espíritu festivo permanecía. Tras la ensabaná, la alegría se desbordaba: los cohetes surcaban el cielo, corría el vino de pitarra, se compartía comida y la gente acudía a bailar a los salones públicos que por entonces existían en el pueblo, hoy ya desaparecidos. Con el paso del tiempo, la festividad del 2 de febrero ha ido transformándose. Hoy se vive de otra manera, integrada en el conjunto de las fiestas de San Blas, con actos más acordes a los tiempos actuales.

Quizá ya no haya capacetas ardiendo ni mozos a caballo atravesando las calles, pero mientras sigamos recordándolo y contándolo, la ensabaná seguirá formando parte del alma de Cilleros.


Fuentes consultadas: Las fiestas de las Candelas en la provincia de Cáceres - José María Domínguez Moreno. Apuntes de etnografía de Cilleros - José Luis Rodríguez Plasencia.