Pasear por las calles de Cilleros es hacerlo por un archivo al aire libre. Sin embargo, hay piezas que destacan por su capacidad de contarnos una historia completa de poder, fe y estatus. Hoy analizamos un dintel de granito excepcional que no solo lleva nombre propio, sino que nos vincula directamente con la poderosa Orden Militar de Alcántara.
El dintel, labrado en el recio granito gris de la Sierra de Gata, presenta una composición tripartita equilibrada, siguiendo los cánones de la cantería culta de los siglos XVI y XVII.
A la izquierda: La Semiesfera Gallonada. A diferencia de la habitual roseta plana, aquí encontramos un relieve volumétrico: una semiesfera dividida en siete gajos o gallones. En el lenguaje arquitectónico del Renacimiento extremeño (que podemos ver en palacios de Coria o Cáceres), este "botón" no es solo adorno. El número siete es el número de la plenitud: alude a los siete dones del Espíritu Santo o las siete virtudes. Funcionaba como un elemento apotropaico, una protección espiritual para el umbral de la casa.
En el centro: La Epigrafía "JV CORDERO". Tallada en letras capitales romanas con gran profundidad, la inscripción huye de las abreviaturas comunes de la época. Esto es un acto de orgullo. Juan Cordero no solo firma la propiedad, sino que asegura la perpetuidad de su apellido. La limpieza de los trazos sugiere que el encargo fue realizado por un maestro cantero experimentado, probablemente vinculado a las grandes obras eclesiásticas de la zona.
A la derecha: La Cruz de la Orden Militar de Alcántara. El cierre de la pieza es la cruz floronada (con flores de lis en los extremos). Su presencia es la clave legal de la piedra: indica que el propietario pertenecía al estamento hidalgo vinculado a la jurisdicción de la Orden.
Pero, ¿quién fue Juan Cordero?. Para entender la importancia de este nombre, debemos situarnos en el Cilleros del siglo XVII. La villa formaba parte de la Encomienda de Eljas, bajo el dominio absoluto de los caballeros de la Orden de Alcántara, a las que pertenecía desde el año 1219 por donación del rey de León Alfonso IX. En este contexto, la población local convivía con símbolos de autoridad religiosa y militar que con el tiempo se integraron en la cultura popular.
La familia Cordero no era una familia cualquiera en Cilleros. Los registros históricos los sitúan como "hidalgos de sangre". Sabemos que este linaje tenía tal potencia económica que, en 1641, un pariente cercano (Francisco Cordero) fue capaz de encargar una talla de San Pedro al mismísimo Juan Martínez Montañés, el escultor más importante de la época en España. Es muy coherente identificar a este Juan Cordero como un Familiar del Santo Oficio o un oficial administrativo de la Orden de Alcántara. En aquel tiempo, ostentar la Cruz de Alcántara en la fachada de casa junto al nombre propio servía como un "escudo de armas" civil. Indicaba que el dueño era un Cristiano Viejo, limpio de toda "mala sangre", y que gozaba del favor y la protección de la Orden Militar. Su casa probablemente no era solo una vivienda, sino un punto de referencia social en el pueblo, quizá vinculado a la gestión de las rentas de la Encomienda o a cargos de justicia local.
Este dintel es un ejemplo perfecto de la "arquitectura de la apariencia". Juan Cordero quería que cada vecino de Cilleros supiera, al pasar por su puerta, que allí vivía un hombre de honor, fiel a la Cruz de Alcántara y protegido por la fe.





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