Para entender la historia de Cilleros, no basta con mirar sus monumentos; hay que mirar sus aulas. Durante el siglo XIX, mientras España luchaba contra un analfabetismo femenino que asfixiaba al país, nuestro pueblo ya contaba con una infraestructura educativa propia para las niñas. Pero, ¿cómo era realmente aquella escuela y qué obstáculos enfrentaba?
La primera "fotografía" estadística de nuestra educación la firma Pascual Madoz. En su célebre Diccionario de 1845, registra que Cilleros disponía de una escuela de primeras letras a la que asistían 35 niños y alrededor de 20 niñas. Pero, ¿por qué tan pocas alumnas?. Según estudios especializados, lo que ocurría en Cilleros era el reflejo de tres grandes frenos nacionales:
- - El "Costo de Oportunidad": En un entorno rural y olivarero como el nuestro, las niñas eran una fuerza de trabajo esencial. El tiempo en la escuela se percibía como tiempo restado al cuidado de hermanos o a las tareas del campo.
- - La Instrucción de Adorno: La educación femenina se centraba en las "labores de su sexo" (costura y bordado) y la moralina religiosa. El sistema no buscaba mujeres cultas, sino "madres cristianas", lo que limitaba el interés por una alfabetización profunda.
- - La precariedad del magisterio: Las maestras que llegaban a Cilleros cobraban, por ley, un tercio menos que los hombres. Esto generaba una alta rotación de docentes que buscaban mejores plazas, dificultando la estabilidad escolar.
A pesar de estos frenos, Cilleros cumplió con la Ley Moyano de 1857, que obligaba a profesionalizar la enseñanza. Fue la primera gran ley de instrucción pública en España, estructurando el sistema educativo en tres niveles (primaria, secundaria, superior) y centralizando la administración. Estableció la enseñanza primaria obligatoria y gratuita para los pobres, marcando la educación española hasta 1970.
Según esta Ley, todo pueblo de 500 almas debe tener una escuela unitaria de cada sexo; llegando a 2.000 almas, dos de niños y dos de niñas; y de esa cifra en adelante, una escuela unitaria más de cada sexo por cada 2.000 habitantes de aumento. Lo pueblos que no lleguen a 500 almas, tendrán una escuela de asistencia mixta.
La prensa histórica nos da los nombres y los detalles:
- - En 1860, la plaza de maestra en Cilleros se anunció oficialmente con un sueldo de 1.100 reales de vellón.
- - Se exigía el título de "Maestra de Instrucción Primaria Elemental". Esto es clave, ya que indica que no era una vecina que enseñaba a coser, sino una profesional titulada por el Estado.
- - Siguiendo la Ley Moyano (1857), las niñas de Cilleros aprendían: lectura, escritura, gramática castellana, aritmética y, obligatoriamente por ley para ellas, "labores propias de su sexo" (costura, bordado) y principios de higiene.
Aquella escuela no era un edificio moderno, sino locales alquilados por el Ayuntamiento, a menudo en el entorno de la Plaza Mayor, la Calle Derecha. Eran espacios de uso mixto: la planta baja servía de aula y la superior de vivienda para la maestra. Un hito de dignidad pedagógica quedó registrado en la prensa de 1894, cuando el Ayuntamiento adquirió mesas bipersonales de madera de pino, sustituyendo los incómodos tablones antiguos y mejorando la salud de las pequeñas cilleranas. Dos veces al año (junio y diciembre), se realizaban los "Exámenes Públicos" donde se evaluaba a las niñas. Según las crónicas de la época en el Boletín de Primera Enseñanza de la Provincia de Cáceres, a estos exámenes asistía la Junta Local de Instrucción Primaria, compuesta por el Alcalde, el Párroco y dos vecinos "de luces" (instruidos). Las niñas no solo recitaban la doctrina cristiana; las más avanzadas debían demostrar habilidades en "escritura de letra inglesa" y "cuentas de partir". Los mejores trabajos de costura se exponían en los muros de la escuela para orgullo de las familias.
A través de la prensa profesional de magisterio, podemos poner nombre a las mujeres que alfabetizaron a las bisabuelas de Cilleros. En la revista La Educación (Madrid, 1867), se menciona el movimiento de profesorado en la provincia de Cáceres. Consta el nombramiento y la toma de posesión en la escuela de niñas de Cilleros de maestras que, como Dña. Saturnina, tras pasar por el pueblo, solían pedir traslado a centros con mayor dotación, lo que indica que Cilleros era un lugar de paso para jóvenes maestras con vocación.
Durante el siglo XX, las escuelas de niñas en Cilleros y en el resto de España vivieron una transición profunda, pasando de ser centros de "instrucción primaria elemental" a integrarse en un sistema educativo más moderno y expansivo. Tras la reforma de las Escuelas Graduadas a principios de siglo, se buscó superar el modelo de aula única para agrupar a las alumnas por edades y niveles de conocimiento. Aunque en 1925, Cilleros, continuaba con dos escuelas, una para niños y otra para niñas, cuando por población le correspondía tener dos escuelas de cada sexo. La prensa de la época refleja un aumento constante en la matrícula, señal de que las familias empezaban a valorar la formación de sus hijas más allá de las tareas domésticas, aunque las "labores" siguieron formando parte del currículo oficial durante gran parte de la dictadura franquista bajo el control de la Sección Femenina.
El punto de inflexión definitivo llegó con la Ley General de Educación de 1970, que introdujo la EGB y sentó las bases para la definitiva desaparición de las escuelas segregadas. En municipios como Cilleros, este cambio supuso el fin de la histórica "Escuela de Niñas" como entidad aislada para dar paso a centros de coeducación, donde niños y niñas compartían por primera vez las mismas aulas, libros y programas pedagógicos. Este proceso no solo dignificó el espacio físico educativo, con la construcción de nuevos grupos escolares que sustituyeron a las antiguas casas-escuela, sino que también cerró la brecha de contenidos, permitiendo que las niñas accedieran a una formación científica y técnica en igualdad de condiciones, dejando atrás aquel modelo decimonónico de "instrucción de adorno" que había predominado durante más de un siglo.
La historia de la Escuela de Niñas de Cilleros es la historia de una resistencia, contra el analfabetismo estructural y contra las necesidades económicas de la vida rural, nuestro pueblo mantuvo encendida una llama de instrucción. Aquellas 20 niñas de mediados de siglo XIX fueron las pioneras de todas las mujeres que hoy, en nuestro pueblo, son dueñas de su propia cultura.
Fotografías: Cilleros, 100 años de historia - Javier Tomé.








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