Si en nuestra anterior entrada hablábamos de la Milicia Nacional como defensora del liberalismo, hoy debemos poner el foco en su antagonista directo: el Cuerpo de Voluntarios Realistas.
Creados por Fernando VII tras la caída del Trienio Liberal en 1823, este cuerpo militar no era una simple policía. Eran la respuesta absolutista a la Milicia Nacional. Mientras que los milicianos buscaban el progreso constitucional, los realistas juraban defender la monarquía absoluta y la religión católica bajo el lema: "Religión, Rey y Patria". A diferencia del ejército regular, los Voluntarios Realistas se organizaban localmente. En pueblos como el nuestro, ser "realista" significaba pertenecer a una facción que no aceptaba las reformas de la burguesía y que veía en la tradición el único orden posible.
Para 1835, el panorama había cambiado drásticamente. Fernando VII había muerto, y España se desangraba en la Primera Guerra Carlista. Los antiguos Voluntarios Realistas, disueltos oficialmente por la regente María Cristina, se habían transformado en muchos casos en facciones rebeldes o "gavillas" que operaban en las montañas.
Gracias al Boletín Oficial de la Provincia de Cáceres (27 de abril de 1835), hoy podemos rescatar un episodio de gran tensión ocurrido en nuestro término municipal. El documento oficial relata cómo una partida de siete hombres asolaba la Sierra de Gata cometiendo "robos y otros excesos". No eran simples bandoleros; estaban liderados por una figura de peso político local: Simón Cordero Obregón, quien fuera ex-comandante de Realistas de Cilleros.
Los detalles que nos ofrece la crónica son fascinantes para la microhistoria de nuestro pueblo:
- -El vínculo con la insurgencia: Simón Cordero no actuaba solo. Se le vincula con la facción del Prior de Penagarcía, un líder rebelde portugués, lo que demuestra que la Sierra de Gata era un corredor de insurgentes entre España y Portugal.
- -La caída en desgracia: Tras huir de Portugal un año antes, Cordero se ocultaba en nuestras sierras hasta que la presión de los Urbanos (la milicia local que sustituyó a la nacional) de Cilleros, Zarza y Valverde logró darle caza.
- -Otros capturados: Junto a él cayó Ventura Melchor, acusado de robar caballos de posta en la Encomienda de Malladas, y se detuvo por sospechas a Miguel Rodríguez Semental, pariente de otro de los facinerosos.
Este suceso nos permite ver cómo, tras la disolución de los Voluntarios Realistas, la línea entre el idealismo político (la defensa del carlismo y el antiguo régimen) y el bandolerismo puro se volvió muy delgada. Para el Gobierno de la época, Cordero era un criminal; para otros vecinos de Cilleros, quizás en silencio, seguía siendo el comandante que defendía los valores de antaño. Lo que es innegable es que el "celo patriótico" de los vecinos de Cilleros que salieron en su persecución fue clave para pacificar una sierra que, en aquel convulso 1835, era tierra de nadie.
Como dato curioso: La captura fue coordinada por el Subdelegado de Policía de Alcántara, demostrando que la vigilancia sobre los antiguos jefes realistas de Cilleros era una prioridad absoluta para evitar que la llama de la rebelión carlista prendiera en Extremadura.




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