Cuando el cinematógrafo comenzó a proyectar sus primeras imágenes en España a finales del siglo XIX, el fenómeno fue percibido inicialmente como una curiosidad técnica, casi una atracción de feria. Sin embargo, en apenas unas décadas se convertiría en una de las principales formas de ocio colectivo del país. En la provincia de Cáceres, y particularmente en sus pueblos, el cine transformó la vida social y cultural, creando nuevos espacios de encuentro que hoy forman parte de la memoria colectiva. Entre ellos, el Cine Variedades de Cilleros ocupa un lugar destacado en la historia local de la Sierra de Gata.

Durante los primeros años del siglo XX, las exhibiciones cinematográficas se integraban en el ambiente festivo de ferias y celebraciones populares. En muchas ocasiones se instalaban en barracas temporales, junto a otros espectáculos como el teatro, los toros o las variedades. Fue en 1903 cuando se inauguró el cinematógrafo del empresario Antonio de la Rosa en la Plaza Mayor de Cáceres, considerado el primer cine con nombre propio del que se tiene noticia en la ciudad. Aquella sesión inaugural incluía cortos documentales y de entretenimiento, como "La coronación de Su Majestad Alfonso XIII" o "La montaña rusa en el agua".

Proyector Hispania S5 del cine Variedades, Cilleros.

A partir de entonces, las proyecciones se hicieron cada vez más frecuentes y comenzaron a surgir diferentes locales dedicados al cine o a espectáculos mixtos. El crecimiento de estos locales muestra cómo el cine pasó en pocos años de ser un espectáculo ocasional a convertirse en una actividad cultural habitual. Los edificios destinados al espectáculo constituyen hoy un patrimonio arquitectónico de gran valor histórico. Durante mucho tiempo fueron considerados una “arquitectura menor”, pero los estudios recientes han demostrado su importancia para comprender la vida cultural y social de las comunidades donde se construyeron. 

En Extremadura, como en muchas otras regiones españolas, estos edificios surgieron en estrecha relación con el desarrollo de las ciudades y pueblos. Muchos teatros del siglo XIX se transformaron posteriormente en cines, adaptándose a las nuevas necesidades del público. Aquí es donde la provincia de Cáceres presenta una dicotomía fascinante. La mayoría de los municipios adaptaron antiguos lagares, almacenes de grano o naves de arquitectura precaria para proyectar películas. Pero hubo excepciones gloriosas. Lugares donde el cine no fue un "añadido", sino el centro de un proyecto arquitectónico consciente. Y en ese mapa de excepciones, el Cine Variedades de Cilleros, una sala que durante décadas fue uno de los principales espacios culturales de esta localidad de la Sierra de Gata, brilla con luz propia.

Fachada del cine Variedades en el año 2005. Av. de la Constitución nº 3, Cilleros

Por el año 1951 ya existía en Cilleros un pequeño local de cine en la esquina de la calle Muñoz Chaves con la calle Generalísimo, propiedad de Juan Vázquez Ballesteros, aunque más que una sala, era una taberna con un pequeño espacio en el que se proyectaban las películas de la época, de escaso aforo para los más de 4.000 habitantes con los que contaba Cilleros. Fue en esta década cuando, Juan Vázquez y Teodosio Mateos, quien tenía un solar colindante al primitivo cine, decidieron construir una sala de cine y espectáculos "a la italiana" en el corazón de Sierra de Gata. Así surge el Cine Variedades de Cilleros.

El Variedades no nació de la reforma de un local viejo, sino que fue proyectado ex profeso para el espectáculo. Se levantó un edificio con planta rectangular de más de 750 metros cuadrados y tres alturas. En la planta baja, dos taquillas situadas a ambos lados de las amplias puertas de entrada al vestíbulo principal. Desde el mismo, varias puertas daban acceso al patio de butacas de la planta baja y al fondo, un escenario con una pantalla de 9 metros. En los laterales, dos escaleras conducían al anfiteatro superior, con una primera línea de butacas con palcos a ambos lados, y justo detrás, las gradas del "gallinero", la zona más alta y económica. Esta estructura no era un capricho estético; buscaba la perfección acústica y una visibilidad que hiciera justicia a las grandes producciones que empezaban a llegar desde Hollywood y los estudios madrileños. Se adquirió un proyector de 35 mm. de la casa madrileña Hispania Radio S.L., con óptica basada en electrodos de carbón, que adicionalmente permitía la proyección de diapositivas. Todos recordaremos los anuncios locales basados en esta tecnología al inicio de cada sesión; me viene a la cabeza el de "Gaseosas Galván".

Dibujo arquitectónico de la planta baja del Cine Variedades, Cilleros.

Entre las décadas de 1950 y 1960, el cine se convirtió en la principal forma de ocio popular en el mundo rural. En una época en la que la televisión todavía no había llegado a los hogares, la pantalla del cine era una ventana abierta a otros lugares, culturas e historias. Las sesiones de cine, especialmente durante los fines de semana y las fiestas, formaban parte de la vida cotidiana del pueblo. Pero el Variedades era mucho más que una sala de cine. Como en otros pueblos extremeños, el edificio funcionaba también como escenario para actuaciones musicales o espacio para actos colectivos. Por allí pasaron grandes artistas de la época (Juanito Valderrama, La Niña de la Puebla, Rafael Farina, etc). Era, en definitiva, un lugar donde se construía la vida social del municipio.

A partir de los años setenta comenzó un lento proceso de desaparición de muchas salas de cine rurales. La expansión de la televisión primero y del vídeo doméstico después redujo progresivamente la asistencia a las salas, haciendo que su mantenimiento resultara cada vez menos rentable. Este fenómeno afectó a numerosos cines de Extremadura, que terminaron cerrando o transformándose en otros espacios. El Cine Variedades de Cilleros siguió este mismo destino al comienzos de la década de 1980, dejando tras de sí una profunda huella en la memoria colectiva del pueblo.