Para cualquier viajero o estudioso que se adentre en la intrahistoria de la Sierra de Gata, resulta fascinante descubrir cómo las grandes corrientes espirituales de la España medieval y moderna dejaron una huella indeleble en nuestras villas. Hoy queremos detenernos en una devoción que, aunque difuminada por el paso del tiempo y los avatares materiales, compitió en la antigüedad con el mismísimo patronazgo de San Blas en nuestro pueblo: la advocación a Santiago Apóstol.

Para comprender el arraigo del culto jacobeo en Extremadura, es necesario elevar la mirada hacia el contexto nacional. Desde el siglo IX, en pleno fragor de la Reconquista, los monarcas cristianos reconocieron a Santiago el Mayor como patrón de las Españas. Bajo este amparo nació el célebre "Voto de Santiago", una ofrenda obligatoria de bienes que las tierras ganadas al islam debían tributar anualmente a la Catedral de Compostela en agradecimiento por su intercesión.

El apóstol Santiago a caballo o Santiago Matamoros, por Francisco Camilo

Esta preeminencia espiritual quedó definitivamente sellada en el siglo XVII a través de dos hitos jurídicos y eclesiásticos:

  • - En 1630, el papa Urbano VIII declaró oficialmente a Santiago como único patrón de España, disipando las tensiones de aquellos sectores que pretendían elevar a Santa Teresa de Jesús como copatrona.
  • - En 1646, las Cortes Españolas estipularon que el Voto pasara a ser una ofrenda solemne de los reyes, príncipes y el arzobispo compostelano, una tradición que, de forma simbólica, sigue viva cada 25 de julio en la misa de la delegación regia.

Lejos de lo que la historiografía centralista suele apuntar al centrarse casi en exclusiva en el Camino Francés, Extremadura fue un hervidero de peregrinos. Nuestra provincia se vio surcada de sur a norte por la Vía de la Plata, pero también por una importantísima ramificación nacida en Alconétar: la Vía de la Dalmacia. Este histórico sendero, que conectaba Coria con la antigua Miróbriga romana (Ciudad Rodrigo), servía de cordón umbilical para los caminantes que se desviaban buscando la soledad de la sierra o conexiones hacia el norte y el territorio portugués. Atraviesa el término de Zarza la Mayor y entra en la comarca de Sierra de Gata por el término de Cilleros, después de salvar el paso de la Sierra de Garrapata y Valdecaballlo. Continúa por el termino de Moraleja pasando por la dehesa de Malladas y los regadíos de Vegaviana. Vuelve a encontrarse por los encinares de Perales del Puerto, pasa por esta localidad y se dirige, por la fatela, hacia lo alto de la sierra por el puerto de Perales. Posteriormente, a través de la dehesa de Perosín, se dirige a Ciudad Rodrigo. En este trasiego de devociones, el Hijo del Zebedeo se convirtió en un referente devocional de primer orden en la comarca serragatina.

En Cilleros, la solemnidad del 25 de julio constituía antaño una de las funciones religiosas más relevantes del año, un hito festivo e identitario que los cronistas diocesanos no dudaban en equiparar en importancia y fervor a la del patrón oficial de la villa, San Blas.  

Santiago el Mayor, por Guido Reni

La devoción cillerana no era meramente etérea; estaba perfectamente vertebrada a través del asociacionismo religioso y el patrimonio local. Gracias a los registros de 1742, sabemos que el templo parroquial de Cilleros albergaba un espacio propio consagrado al Apóstol.

Los documentos de la época describen de forma precisa la existencia de un altar dedicado a Santiago Apóstol, ubicado formalmente en la nave de la iglesia, al lado del Evangelio (el lado izquierdo mirando hacia el altar mayor). Este espacio medía ocho pies de largo por tres de ancho. Lo verdaderamente reseñable desde la perspectiva sociológica es que este altar era mantenido y costeado por su propia Hermandad, la cual contaba en mediados del siglo XVIII con una nómina de sesenta hermanos. Esta cifra constata el vigor de una cofradía que unía a los vecinos de Cilleros en torno al culto y la asistencia mutua bajo el manto jacobeo.

Como bien sabemos los amantes de la historia local, la religiosidad popular a menudo necesita de la materialidad de los símbolos para subsistir. Durante siglos, los cilleranos contemplaron y sacaron en procesión cada 25 de julio una "buena talla" de Santiago Apóstol que presidía los cultos veraniegos.

Lamentablemente, el patrimonio eclesiástico de nuestra comarca ha sufrido pérdidas irreparables. En el caso de Cilleros, las indagaciones históricas apuntan a que la antigua e histórica efigie del Apóstol desapareció pasto del fuego hace ya bastantes años, tras haber quedado seriamente dañada por la carcoma.  Al carecer de la imagen física, la procesión pública dejó de celebrarse. Con la pérdida del ritual y del simulacro sagrado, la antiquísima devoción popular a Santiago en Cilleros inició un progresivo decaimiento hasta casi borrarse de la memoria colectiva actual, a diferencia de lo ocurrido en la vecina Villa de Gata, donde logró preservarse como patrón popular.  

Sirva esta entrada de blog para rescatar del olvido aquellos tiempos en los que sesenta cofrades encendían velas en el lado del Evangelio de nuestra parroquia y el repique de campanas de cada 25 de julio anunciaba que Cilleros, también a su manera, formaba parte de los caminos que conducían al Sepulcro de Santiago.


Fuentes: Camino de Santiago en la Diócesis de Coria-Cáceres - Gregorio Carrasco Montero; La cañada Dalmacia a su paso por Extremadura - José Antonio Ramos Rubio; Iglesias de la Orden de Alcántara.