Los edificios públicos suelen ser testigos silenciosos de los cambios que experimentan las sociedades. En Cilleros, uno de esos inmuebles fue el antiguo pósito municipal, una institución fundamental durante siglos para garantizar el abastecimiento de cereal y auxiliar a los agricultores en épocas de necesidad. Sin embargo, a mediados del siglo XIX, aquel edificio destinado a almacenar grano inició una nueva etapa de su historia al convertirse en sede de las escuelas públicas de la localidad.

La existencia del pósito de Cilleros está documentada desde la Edad Moderna y responde a una realidad común en numerosos pueblos españoles. Los pósitos eran graneros municipales donde se almacenaba trigo para prestarlo a los labradores en tiempos de escasez o para la siembra, devolviéndose posteriormente con determinadas condiciones. Su función era esencial en una economía agraria sometida a frecuentes crisis de subsistencia. Durante el siglo XIX, los cambios económicos y administrativos fueron reduciendo progresivamente la importancia de estas instituciones. La liberalización de la economía, las transformaciones en la propiedad de la tierra y las nuevas formas de crédito agrario provocaron que muchos pósitos perdieran parte de su utilidad original. Como consecuencia, numerosos edificios fueron destinados a otros usos públicos.

En Cilleros, este proceso queda reflejado en una interesante noticia publicada en octubre de 1853. En ella, el alcalde constitucional de la villa anunciaba la celebración de una subasta para contratar las obras necesarias para adaptar la casa-pósito a su nueva función educativa como escuelas de ambos sexos. El anuncio, fechado el 1 de octubre de 1853 y firmado por el alcalde Gregorio Albarrán y el secretario Ildefonso Albarrán, convocaba a los interesados a presentar sus propuestas para ejecutar las obras de carpintería y albañilería que permitieran la adecuación del inmueble.

La noticia posee un notable interés histórico por varias razones. En primer lugar, demuestra que el edificio del pósito continuaba siendo un bien municipal de relevancia y que el Ayuntamiento decidió darle una nueva utilidad pública en lugar de abandonarlo o enajenarlo. En segundo lugar, revela la voluntad de destinarlo a las «escuelas de ambos sexos», una expresión que refleja la existencia de espacios educativos diferenciados para niños y niñas, conforme a las prácticas educativas de la época. La fecha tampoco es casual. Apenas unos años antes, la educación primaria comenzaba a adquirir una creciente importancia en la política española. Aunque todavía faltaban cuatro años para la promulgación de la Ley Moyano de 1857, considerada la gran norma educativa del siglo XIX, los ayuntamientos ya estaban obligados a sostener escuelas públicas y a proporcionar locales adecuados para su funcionamiento. En muchos pueblos, la escasez de recursos hacía necesario reutilizar edificios existentes, como ocurrió con antiguos pósitos, hospitales o casas consistoriales.

Antiguo pósito municipal, Cilleros

La adaptación del pósito de Cilleros para albergar las escuelas constituye, por tanto, un ejemplo de cómo las necesidades de la comunidad evolucionaron con el paso del tiempo. Un edificio concebido originalmente para proteger el abastecimiento de cereal pasó a servir a otra de las prioridades fundamentales de la sociedad decimonónica: la instrucción de las nuevas generaciones. Esta transformación simboliza además un cambio profundo en las funciones de la administración local. Si durante siglos la preocupación principal había sido garantizar el sustento material de la población mediante instituciones como el pósito, en el siglo XIX comenzó a adquirir mayor relevancia la formación de los ciudadanos a través de la enseñanza pública.

Grupo de escolares en el Pósito

La noticia de 1853 nos permite, en definitiva, contemplar un momento concreto de esa transición. Gracias a ella sabemos que el antiguo granero municipal de Cilleros inició entonces una nueva vida como espacio educativo, convirtiéndose en un lugar donde ya no se almacenaba trigo para el futuro, sino conocimiento para las generaciones venideras.


Fuente: Boletín oficial de la provincia de Cáceres.