Uno de los aspectos más fascinantes de la ermita de Nuestra Señora de Navelonga es, precisamente, aquello que le da nombre. Pocos topónimos de Cilleros han suscitado tanta curiosidad como éste, y pocas advocaciones marianas de la España presentan un problema etimológico tan interesante.

¿Debemos escribir Navelonga o Navalonga? ¿Procede el nombre de una nave larga? ¿Tiene realmente relación con los barcos pintados en la ermita? ¿O nos encontramos ante un topónimo mucho más antiguo que la propia ermita? Las líneas que siguen no pretenden ofrecer una respuesta definitiva, sino reunir las distintas hipótesis existentes y valorar cuál parece hoy la más verosímil.

Imagen coloreada de la Virgen de Navelonga, sobre su antigua barca procesional

Los estudios sobre las advocaciones marianas extremeñas muestran un fenómeno muy frecuente: la Virgen recibe el nombre del paraje donde se levanta su santuario. Así sucede con la Virgen de Argeme, la Virgen de Bótoa, la Virgen de Monfragüe, la Virgen de la Berrocosa, la Virgen de Ara. No es el lugar el que toma el nombre de la Virgen, sino exactamente al contrario. Todo indica que en nuestro caso sucedió lo mismo. La ermita se construyó en un paraje que ya se denominaba Navelonga o Navalonga, y la imagen acabó adoptando el nombre del lugar.

Navelonga o Navalonga: la documentación moderna escrita del siglo XIX y XX ofrece ambas formas. Hoy la denominación más extendida es Navelonga, pero algunos autores han utilizado la variante Navalonga, lo que inmediatamente nos conduce a una cuestión fundamental: ¿qué significa realmente el término?.

La explicación más sencilla y probablemente más antigua sería: "Nava longa" = "nava larga". El término nava es muy frecuente en la toponimia española y extremeña. Designa generalmente a una llanura, una depresión del terreno, un valle abierto, una zona relativamente llana entre alturas. Numerosos topónimos conservan esta raíz: Navalmoral, Navas del Madroño, Navalvillar... Además, existen otros topónimos semejantes fuera de Cilleros: Navalonga (Zarza de Granadilla), Navalonga (Madrid), Navalonguilla, Navalongo. Todo ello parece indicar que estamos ante un topónimo geográfico relativamente común.

Pero, ¿encaja el topónimo con el paisaje?. La respuesta parece afirmativa. La ermita se levanta al pie de la sierra de Santa Olalla, dominando un espacio relativamente abierto y alargado. Si entendemos "nava" como una llanura o depresión cercada por alturas, el topónimo encaja bastante bien con la configuración del terreno. Además, algunas personas mayores todavía hablaban antiguamente de «La Virgen de la Navelonga». La presencia del artículo resulta muy significativa, pues es frecuente en las advocaciones derivadas de accidentes del terreno: Virgen de la Berrocosa, de la Coronada, de la Peña, de la Montaña. Todo ello apunta a un topónimo previo.

¿De dónde surge entonces la idea de la "nave larga"?. Aquí comienza la parte más interesante de la historia. La semejanza fonética entre "Nava longa" y "Nave longa" es evidente. Es muy posible que, en algún momento de la Edad Moderna, el significado original del topónimo se hubiera olvidado. Cuando esto ocurre, las comunidades suelen reinterpretar los nombres antiguos atribuyéndoles un nuevo significado más comprensible. Y una "nave larga" resultaba mucho más sugerente que una "nava larga".

En los planos topográficos del Instituto Geográfico Nacional podemos encontrar tres variantes del topónimo: Ermita de Navahonda, Ermita de Navalonga y Ermita de Navelonga

La arquitectura de la Ermita de Navelonga comparte entre los estilos renacentista y barroco, predominando este último. Desde fuera ya se perciben claramente las dos partes de que consta el tempo: la nave se construyó en el siglo XVI, la capilla mayor y la hospedería en el siglo XVII, entre los años 1655 y 1660; los pórticos laterales en el siglo XVIII, año 1772.

En la construcción anterior al siglo XVII no aparece ninguna inscripción referente al nombre de la ermita o de la virgen en el edificio. Aunque en el Libro de Visitas y Cuentas de 1591 a 1633 si aparece reflejada la "Ermita de la Navalonga". En esta época, la imagen de la Virgen de Navalonga a la que se daba culto en la ermita era diferente de la actual imagen de candelero, que debe datar del siglo XVIII. Ya que en el Libro de la Visita del Comendador del año 1619 se describe como "...Nuestra señora de talla dorada y pintada de colores, está asentada sobre una basa de cantería... con el niño Jesús en brazos, así mismo de talla dorada, y la dicha imagen tiene una corona de madera dorada y pintada...". Es decir, a comienzos del siglo XVII ya existía la Ermita de la Navalonga aunque la imagen de la virgen que se veneraba era diferente de la actual, era otra.

En las reformas realizadas en la ermita a mediados del siglo XVII si que aparece, sobre la puerta exterior que da acceso a la Hospedería, una cartela en piedra que nos proporciona la fecha de su erección y advocación del mismo:

"LA VIRGEN / DE NABELON / GA DEFIENDE ESTA / SV CASA AÑO DE / 1655"

La expresión "NABELONGA" podría interpretarse de varias maneras: forma latinizada del nombre; reinterpretación culta del topónimo o incluso intento de escribir el nombre tal y como se entendía entonces. Lo verdaderamente importante es que, a mediados del siglo XVII, el nombre ya aparecía escrito de una forma que favorecía la lectura "Nave Longa".

Aunque, quizás la clave se encuentra en la famosa inscripción pintada en la cabecera de la ermita. En ella puede leerse:

"IHS / A MAYOR GLORIA I ONRA / DE DIOS Y DE MARIA SANTISIMA DE NAVE / LONGA CALIXTO MATEO / Y CATALINA CRIADO SV MVGER VEZINOS / Y NATVRALES DE LA VILLA DE ZILLEROS / HICIERON A SV COSTA ESTA / CAPILLA CON SVS ARCOS / AÑO DE 1660"

Dibujo en el interior de la cabecera de la Ermita de Navelonga

¿Es posible que precisamente en esa época comenzase a consolidarse la interpretación marinera?. Las pinturas de los barcos constituyen uno de los elementos más singulares del santuario. Podría pensarse que las pinturas se realizaron durante las obras de 1660, pero, hay algo que no cuadra: Esta inscripción conmemora la construcción original por Calixto Mateo y su esposa, sin embargo, el estilo de la pintura que rodea el texto (el cortinaje con borlas y los barcos) tiene un aire neoclásico/romántico tardío. Es casi seguro que en el siglo XIX, un descendiente o un devoto agradecido por un viaje a ultramar decidió "limpiar" la pintura y añadir los barcos como exvoto.

Si nos fijamos en las 4 ilustraciones de barcos que existen en el interior de la ermita, todas tienen un elemento clave, una chimenea que va dejando una estela de humo. Esto indica que los barcos no son carabelas ni naos ni galeones del siglo XVI o XVII. Se trata de barcos a vapor, y dado que no hay ruedas de paletas en los lados, debe tratarse de Barcos de vapor de hélice, los cuales se comenzaron a utilizar en la Armada Española y en la marina mercante a partir del año 1850.

Aunque quisiéramos interpretar que el humo es de otra cosa, hay detalles en la estructura del barco que solo existen a partir del siglo XIX:

  • -Los ojos de buey: esa hilera de puntos blancos perfectamente alineados en el casco. En 1650, los barcos tenían "portas" (ventanas cuadradas de madera) para los cañones, situadas mucho más arriba. Los ojos de buey circulares son típicos de los barcos de hierro o vapores de madera del XIX.
  • -El tajamar y la proa: la proa es muy recta y afilada, diseñada para cortar el agua a mayor velocidad, muy distinta a la proa redondeada y masiva de un galeón del XVII.
  • -La chimenea: es el elemento irrefutable. En el siglo XVII, el único "tubo" vertical que verías sería un mástil. Aquí, el artista ha dibujado incluso el color oscuro del metal y el humo negro saliendo de él.

Si la inscripción dice 1650 y los barcos son de 1860 aproximadamente, la explicación histórica más sólida es que las pinturas de los barcos son un añadido posterior. Pero esas son las cuatro pinturas interiores de la cabecera. Sobre la portada exterior antiguamente también existía un dibujo, hoy desaparecido, donde se visualizaba otro barco en el que se aprecia un cambio de concepto fundamental respecto a los dibujos del interior:

  • -El castillo de popa: se percibe una elevación brusca y escalonada en la parte trasera. Esto es lo que llamamos "castillo" o "alcázar". Las fragatas del siglo XIX (las del interior) tienen una cubierta corrida, plana de proa a popa. Esa estructura elevada de la foto exterior es la firma inequívoca de la arquitectura naval de los siglos XVI y XVII.
  • -Ausencia de chimenea: a diferencia de los dibujos internos, donde la chimenea es un trazo vertical muy marcado y con humo, en este relieve exterior no se aprecia ningún elemento que rompa la línea de los mástiles. Es un barco exclusivamente de vela.

Entonces, ¿qué barco es?. La opción más probable es que se trate de un Galeón. En 1650, el galeón era el barco español por excelencia. Tenían esos castillos de popa altos donde se situaban los camarotes de los oficiales y el capitán.

Portada exterior de la ermita de Navelonga, con el antiguo dibujo del barco

Esto nos revela una historia fascinante dentro de la propia ermita:

  • -El dibujo exterior sobre la puerta representa un Galeón del siglo XVII, el barco que se conocía y que probablemente era el símbolo del poderío español en el mar en el momento en que se re-construyó la ermita en el siglo XVII.
  • -Cuando se reformó el interior de la ermita siglos después, presumiblemente en el siglo XIX, el nuevo artista (o el nuevo donante) decidió "modernizar" la iconografía pintando Fragatas de vapor, que eran los barcos que veía en su presente.

Es muy poco común encontrar en un mismo edificio representaciones de barcos con 200 años de diferencia tecnológica. Un galeón del siglo XVII en la fachada dándote la bienvenida y fragatas de hélice del siglo XIX en los arcos interiores. Pero, ¿por qué barcos en Cilleros?. Cilleros no tiene mar, pero Extremadura fue tierra de grandes emigrantes e indianos. Es muy probable que alguien del pueblo sobreviviera a una travesía difícil en uno de estos barcos y, al regresar, pagara alguna restauración de la ermita, pidiendo al pintor que retratara "el gran barco" que lo trajo de vuelta sano y salvo.

Y aquí surge la gran pregunta: ¿Los barcos explican el nombre, o el nombre explica los barcos?. Durante mucho tiempo se ha pensado que los barcos demostraban un origen marinero de la advocación. Sin embargo, la situación podría ser justamente la contraria.

La tradición popular afirma que varios cilleranos regresaban de América cuando sufrieron un terrible temporal. En medio del peligro encomendaron su vida a la Virgen. Salvados del naufragio, regresaron a Cilleros y promovieron el culto a Nuestra Señora. Otra versión atribuye el origen a un indiano enriquecido. Estas leyendas son perfectamente posibles en una época en la que numerosos extremeños viajaban a América (ver la entrada Leyendas sobre la Virgen de Navelonga).

Pero existe un problema: la ermita parece anterior; el topónimo probablemente ya existía; el nombre del lugar parece mucho más antiguo. Todo ello hace pensar que la leyenda pudo surgir posteriormente para explicar un nombre cuyo significado original ya se había olvidado.

Una hipótesis razonable con los datos actualmente disponibles, la explicación más verosímil, podría resumirse así:

  • -El paraje se denominaba originalmente Nava Longa.
  • -La ermita tomó el nombre del lugar.
  • -El significado original se fue perdiendo.
  • -Durante el siglo XVII comenzó a reinterpretarse como Nave Longa.
  • -Las pinturas de los galeones reforzaron esa lectura.
  • -La tradición oral acabó creando la leyenda del naufragio.

Entonces, ¿Navelonga o Navalonga?. Quizá la respuesta sea que ambas formas forman parte de la historia. Navalonga nos remite probablemente al paisaje y al origen del topónimo. Navelonga refleja la evolución popular del nombre y la profunda devoción de generaciones de cilleranos.

Y entre ambas palabras, separadas apenas por una letra, se encuentra uno de los episodios más sugestivos de la historia de Cilleros. Porque tal vez los barcos no dieron nombre a la Virgen. Pero sí consiguieron que, desde hace más de tres siglos, los cilleranos sigan preguntándose por el verdadero origen de Navelonga.