Hoy nos ponemos la vestimenta de arqueólogo para analizar un hallazgo excepcional y de gran valor patrimonial que ha aparecido recientemente en nuestro término municipal. Se trata de un fragmento compacto de material constructivo de época romana, con unas dimensiones aproximadas de 50x40 cm. A simple vista, podría parecer un bloque amorfo de argamasa y ladrillo; sin embargo, estamos ante un excelente testigo de la sofisticada ingeniería de la Antigua Roma: un bloque de "opus signinum".
El opus signinum (término latino que recibe su nombre de la ciudad italiana de Signia, famosa por sus talleres cerámicos en la antigüedad) es un tipo de mortero hidráulico especialmente diseñado por los romanos para resistir la humedad y el agua. A diferencia del mortero común, la clave de su composición radica en la mezcla de:
- - Cal grasa como aglutinante.
- - Arena fina.
- - Fragmentos machacados de cerámica (ladrillos, tejas o ánforas trituradas), conocidos arqueológicamente como "testae".
La adición de la cerámica cocida triturada no era una mera cuestión estética para darle su característico tono rojizo. Científicamente, el polvo de arcilla cocida reacciona químicamente con la cal, otorgándole al mortero propiedades hidráulicas (es decir, la capacidad de fraguar y endurecerse incluso bajo el agua o en condiciones de extrema humedad), haciéndolo completamente impermeable. El propio arquitecto romano Vitruvio, en su famoso tratado De Architectura (Siglo I a.C.), ya describía con precisión las bondades y la preparación de este compuesto.
El uso del opus signinum se documenta en la península itálica desde el siglo II a.C. Con la progresiva romanización de la península ibérica (Hispania), la técnica se introdujo con fuerza a partir del siglo I a.C. (época tardorrepublicana y de Augusto) y se convirtió en un estándar constructivo insustituible durante todo el Alto Imperio (siglos I y II d.C.). En Hispania, este material es omnipresente en cualquier yacimiento de entidad. Se utilizaba principalmente en dos tipos de construcciones:
- - Infraestructuras hidráulicas: Debido a su impermeabilidad, era el revestimiento obligatorio para el interior de las cisternas de agua (cisternae), canales de acueductos, aljibes, depósitos de almacenamiento y piscinas de los complejos termales (balnea).
- - Pavimentos: Se empleaba frecuentemente como suelo para estancias domésticas. En ocasiones, este suelo rojizo se decoraba incrustando pequeñas piedras blancas o teselas formando motivos geométricos (opus signinum punctatum), ofreciendo una solución higiénica, fresca, resistente y muy duradera.
Las imágenes del fragmento recuperado en Cilleros son sumamente ilustrativas desde el punto de vista de la técnica constructiva romana, ya que nos permiten observar las dos caras o "fases" de la estructura:
- - La cara funcional (alisada): En algunas de las imágenes se aprecia la superficie superior del fragmento. Aunque el paso de los siglos y la erosión agrícola la han desgastado, muestra una textura compacta, salpicada de pequeños fragmentos cerámicos rojizos y oscuros integrados en la matriz de cal. Esta era la capa externa, la que quedaba a la vista o en contacto directo con el agua o los pies de los habitantes.
- - La cara estructural (reverso con ladrillos y piedras): La última imagen nos ofrece una valiosa información arqueológica. En ella se observa claramente el reverso del bloque, donde aparecen adosados fragmentos de ladrillos planos (lateres) y piedras de tamaño medio unidos por el mismo mortero. Esto nos indica que el fragmento no era una pieza exenta, sino que formaba parte de una estructura sólida. Los constructores romanos colocaban primero esta base de mampostería y fragmentos cerámicos gruesos (lo que técnicamente se denomina rudus o nucleus) para dar estabilidad y agarre, antes de aplicar encima la capa final y refinada de opus signinum.
La aparición de un fragmento de opus signinum de este espesor y con esa sólida base de ladrillo y piedra nos confirma, de forma inequívoca, la existencia de una construcción romana de cierta entidad y permanencia en las inmediaciones del punto de hallazgo.
No estamos ante un campamento temporal ni una estructura precaria. El uso de este mortero especializado sugiere la presencia de una infraestructura vinculada al agua (como una cisterna de almacenamiento para el ganado o el riego) o, muy probablemente, las dependencias residenciales o de producción de una villa romana (explotación agrícola señorial). En estas villas eran habituales las zonas de lagares (para la producción de vino o aceite, que requerían suelos impermeables) o pequeñas termas privadas para los propietarios.
Este hallazgo es una pieza más del rompecabezas que nos ayuda a reconstruir el mapa de la ocupación romana en Cilleros y nos recuerda que, bajo los campos que hoy cultivamos, late una historia bimilenaria que merece ser conocida y protegida.
Fuente: Wikipedia.








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